CARLOS RODRÍGUEZ LÓPEZ

Hace no mucho, Brasil celebraba la confluencia de un grupo de talentosos jóvenes llamados a pasar a la posteridad como una de las mejores generaciones de futbolistas de la canarinha. Los Kaká, Ronaldinho o Adriano, empezaban a crear su estrella en la siempre exigente galaxia carioca, donde el haz de luz de un tal Ronaldo Nazario se difuminaba en pleno ocaso del Madrid  galáctico. En medio de esa camada de prodigios, daba sus primeros pasos un paulista menudo  llamado Robson de Souza según su pasaporte, Robinho según su camiseta, y ‘O príncipe’ según aquellos que veían en él al sustituto de ‘O Rei’ Pelé.

Robinho y Ronaldo en un partido con el Madrid | Foto: tribuna.com

Para hacerse con la corona, Robinho debía jugar en Europa, y sus primeros pasos fueron en Madrid, al lado de Ronaldo Nazario, Ronaldo ‘el gordo’ para unos, ‘el verdadero Ronaldo’ para Mou y otros muchos, y ‘O fenómeno’ para todos.

 La  primeras bicicletas de ‘O príncipe’ en aquel Trofeo Ramón de Carranza en el que debutó con la casaca blanca invitaban a la euforia, pero la estela de la más joven estrella – y la única que sigue en activo- de aquella constelación, no aprendió la lección tras ver la caída de Ronaldinho o Adriano, y nos negó el placer de observar una nueva supernova limitando su carrera a intermitentes destellos.

La más reciente muestra de esta luz la ha dado en Turquía. Con 34 años y el 70 a la espalda, disputa con el Sivasspor los que se antojan como sus últimos minutos de fútbol, al menos en Europa.

Robinho con la camiseta del Sivasspor | Foto: record.com
Robinho con la camiseta del Sivasspor | Foto: record.com

 El brasileño se refugia en el país otomano después de conocer  la condena de un tribunal italiano a nueve años de prisión por un supuesto caso de violación en grupo cuando era jugador del Milán. Desde la sentencia, conocida en de noviembre de 2017, Robinho ha negado los hechos y se ha puesto manos a la obra para apelar la decisión del juez. Pese a la negación de los hechos por parte del futbolista, su imagen en el país del jogo bonito ha quedado muy dañada, llegando incluso torcedores de su – por aquel entonces- equipo, el Atlético Mineiro, a pedir su salida del Galo, propiciando su marcha al club de Sivas. En Turquía ya ha dado muestras de su calidad nada más aterrizar, igual que hiciera en Cádiz en verano de 2005. Dos tantos y una asistencia en su primer partido y un golazo de falta en el segundo han sido su carta de presentación en el equipo del este el este de Anatolia Central. Más destellos de una estrella que, mientras siga jugando nunca se apagará por completo.