DIEGO GÓMEZ GARCÍA

Suele decirse, o más bien suele esperarse, que de padres futbolistas vengan hijos futbolistas. Y además, como si de una operación matemática se tratase, las expectativas acostumbran a situar a los jóvenes por encima de los mayores en el futuro. La realidad es que en el fútbol nuevo no es necesariamente sinónimo de mejor, pero en el caso de la familia Simeone, Gio, el hijo mayor, ya comienza a brillar con luz propia a la sombra de su padre: Diego ‘Cholo’ Simeone.

Diego (izq) y Gio Simeone (der) | Marca.com

Giovanni Simeone es joven, muy joven. Nació en 1995 y, por ello, todavía no ha tenido tiempo para convertirse en una gran referencia a nivel europeo. Sin embargo, su crecimiento es rítmico y constante. Salió de River, pasó un año cedido en Banfield y luego emigró a Europa para jugar en el Genoa, la temporada pasada, y esta en la Fiorentina. Y con el cuadro viola, el joven punta se ha dado a conocer al gran público. La semana pasada, marcó un hat-trick ante el Nápoles y, de esa forma, destrozó su sueño de poder arrebatarle el Scudetto a la Juventus. Un 3-0 sin paliativos que destrozó las aspiraciones del equipo napolitano.

Pero lo cierto es que es que ese tridente de goles solo fue la culminación de la temporada del asentamiento de Giovanni en el en la Serie A y en el fútbol europeo. Porque esos tres tantos le sirvieron para llegar hasta el total de trece que ha marcado hasta el momento -los mismos que la temporada pasada-. Y esos mismos goles le sitúan en la octava posición de la tabla de anotadores del campeonato italiano. Un bagaje creciente y esperanzador, que ha permitido que las miradas de clubes todavía más grandes se posen sobre el delantero que lleva su apellido y el de su padre en la 9 de la Fiorentina. El punta ha pasado por cuatro equipos en las últimas cuatro temporadas y más pronto que tarde podría llegar el quinto.

Gio labra su propio camino

Las semejanzas entre Gio y Diego están casi exclusivamente en el parentesco. Pero hasta ahí, porque por lo demás, son bien diferentes. El hijo, durante su formación, quiso asemejarse a su padre y ocuparse del trabajo más sucio de la medular. Se le pasó rápidamente. El propio Cholo vio que su buen disparo y sus movimientos hacían indicar que la posición predilecta del niño era bastante más ofensiva. Pasó entonces a ser delantero, una posición de la que se enamoró y de la que, a día de hoy, todavía no se ha desprendido.

Gio celebra un gol con la Fiorentina | clarin.com

Lo cierto es que Giovanni es argentino, pero nació en Madrid y pasó buena parte de su infancia en Italia, adonde ha vuelto para crecer como futbolista. Allí triunfó su padre y también allí quiere hacerlo él. En eso sí se parecen: ambos comparten la ambición, la pasión, las ganas y la visceralidad en su forma de ver y analizar el fútbol. Pero lo cierto es que, como jugadores, poco tienen que ver. Además de las diferencias propias de su posición, el hijo se aleja del carácter tan ardiente de su padre para convertirse en un delantero moderno, con la astucia y el poso necesarios para una posición de semejante trascendencia.

El caso es que, aun así, las odiosas comparaciones son inevitables. Se le compara con su padre, como es normal, y en Florencia hasta se le apoda ‘Cholito‘. También con Batistuta, mito de la Fiore al que Gio, por posición y procedencia, tendrá que medirse mientras permanezca en el cuadro viola. Es curioso ver cómo el fútbol se empeña en, una y otra vez, esperar que los hijos tengan que ser mejores o tan buenos como los padres. Aun cuando esto, en muchas ocasiones, no hace sino añadir más presión todavía y dificultar las progresiones. El caso es que Gio ha crecido a la sombra de los éxitos como jugador y entrenador de su padre, pero ahora se ha labrado su propio camino, en el cual ya ha encontrado la chispa que necesita y encender la mecha para brillar aun a la sombra de Diego Simeone.