Diego Tristán, durante una de las temporadas dispuratas con el Deportivo de La Coruña | Fuente: Altas Pulsaciones
Diego Tristán, durante una de las temporadas dispuratas con el Deportivo de La Coruña | Fuente: Altas Pulsaciones
ALEJANDRO VÁZQUEZ CORRAL

@Kovaz5

Capaces de lo bueno y lo malo, han sido varios los futbolistas a los que el mundo del balompié les ha traído tanto admiradores como detractores. Diego Tristán, ariete sevillano de La Algaba, fue uno de los máximos exponentes de estos casos. Consagrado como uno de los líderes de aquel Deportivo de La Coruña que daba guerra por Europa, siempre ha quedado la duda de si Tristán ha llegado a alcanzar alguna vez su máximo nivel como jugador.

Diego se ha forjado dos leyendas en su estancia en A Coruña”, afirmaba Fernando Hidalgo, periodista de La Voz de Galicia, allá por noviembre del 2002. “Una, la de excelente goleador, capaz de inventarse los tantos más hermosos; y otra, la del rey del Orzán, y del Casino, y de Chevalier –locales de alterne de A Coruña–, y… en definitiva, de la farra en sus más variadas expresiones”, proseguía en su artículo. Siete días después de publicarse en la prensa, Tristán afrontaría con el Dépor el último partido de la fase de grupos de Champions League de esa temporada. En San Siro aguardaba un Milan que ya tenía asegurada la primera plaza. Los italianos se adelantaron en la primera mitad por medio de Tomasson, pero primero Diego y luego Makaay le darían la vuelta al encuentro en los segundos 45 minutos.

La labor de Diego Tristán siempre fue discutida. Su compromiso con los equipos en los que ha jugado se veía manchado por su agitada vida fuera del césped. La combinación de su talento con su personalidad despreocupada y ‘chulesca’ fue un cóctel que posiblemente le ha privado de mayor gloria. En el verano del 2000, tras cuajar una espectacular campaña con el Mallorca –anotando 18 goles en su temporada debut en Primera–, Lorenzo Sanz, por aquella presidente del Real Madrid, prometía su incorporación en la campaña siguiente.

Sus dos leyendas

Sin embargo, Diego Tristán nunca jugaría para los merengues. Lorenzo Sanz dejó de ser presidente del Real Madrid ese mismo verano. Florentino Pérez ganaba las elecciones al cargo y, junto al cuerpo técnico y su nueva directiva, desestimaba el fichaje del delantero sevillano. La razón era algo que ya había advertido el hasta aquel momento director deportivo del club, ‘Pirri’, en un famoso informe filtrado a la prensa más tarde: Tristán era, además de “caro”, “problemático en su vida particular”.

El destino quiso así juntar a dos Magos en A Coruña. El de Arguineguín encontraría en el de La Algaba a uno de sus socios preferidos. Los fichajes de Valerón y Tristán criarían en Riazor a una de las parejas de moda en el fútbol de inicios de década. Un año después de conquistar la Liga Española, el Deportivo comenzaría una etapa de su historia que lo llevaría a participar durante cinco temporadas consecutivas en la máxima competición europea, a ganar una Copa del Rey y dos Supercopas de España. Tristán sería uno de los abanderados del Euro Dépor.

Tristán, dedicando un gol a su madre en su etapa en el Depor | Fuente: Marca
Tristán, dedicando un gol a su madre en su etapa en el Depor | Fuente: Marca

Lo estrictamente futbolístico parecía augurar una gran carrera para él. En sus dos primeras campañas en el club gallego, Diego marcaría 21 y 27 goles entre las competiciones doméstica y europea.

Derribaría las puertas de la Selección Española y portaría el 10 de La Roja en el Mundial de Japón y Corea del Sur. Pero algo distinto se fraguaba fuera de los terrenos de juego. Noches en el casino, de fiesta, ausencias y retrasos en los entrenamientos… Pronto el nivel del ariete se vería afectado y sus números cesarían en espectacularidad.

El Albañil

En La Algaba, como describía uno de los grandes juntaletras de nuestro fútbol, Xosé Hermida, apodaban a Tristán ‘El Albañil’. Así le decían en el pueblo a los que “podrían hacer más de lo que hacen”. Cuajó su mejor temporada como profesional en la 2001/02, siendo el máximo goleador en Liga y uno de los protagonistas de la final de Copa del Rey del ‘Centenariazo’ –Tristán anotaría el segundo y definitivo gol de los suyos ante el Real Madrid, que lo había rechazado en el 2000–, que se llevaría el Deportivo. Y desde ahí, cuesta abajo.

Cuatro campañas más pasaría Diego en el Dépor, despertando cada vez menos simpatía entre aficionados y compañeros. Pandiani, que abandonaría el barco blanquiazul en el verano de 2005 –un año antes que Diego Tristán–, afirmaría que no le pensaba dar la mano en futuros encuentros. Fuera de forma, un Tristán prejubilado futbolísticamente a sus 30 años, volvería al Mallorca donde había despuntado años atrás. En sus 13 partidos esa temporada, el sevillano no marcaría ni un solo gol.

El Livorno, el West Ham United inglés y el Cádiz serían los tres últimos destinos de Diego Tristán Herrera antes de colgar las botas. El 19 de junio de 2009 el Mago de La Algaba ponía punto y final a una trayectoria meteórica. Empezó desde todo lo alto y poco a poco –puede que no tan despacio– fue perdiendo fuelle. El Cádiz descendería esa temporada a 2ª B, pero en su último partido como profesional, Diego cerraría un círculo. Curiosamente, Tristán terminaría su carrera del mismo modo que había debutado: marcando un doblete. Pichichi en líos, contaba el protagonista de esta historia al abandonar el Dépor que el fútbol teníamuy pocos sentimientos”. Al fin y al cabo, parece que el balompié no tolera infidelidades con ‘amores prohibidos’.

Puño en alto, celebración característica de Diego Tristán | Fuente: Sport
Puño en alto, celebración característica de Diego Tristán | Fuente: Sport

 

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