Fabio Grosso celebrando un gol en el Mundial 2006 | Fuente: theguardian
Fabio Grosso celebrando un gol en el Mundial 2006 | Fuente: theguardian
CARLOS RODRÍGUEZ LÓPEZ

@Carlosrlop

Persona ilustre o famosa por sus hazañas o virtudes. Así define la RAE lo que es un héroe. En una sociedad que busca continuamente referentes a los que idolatrar, el mundo del fútbol constituye uno de los espacios más propicios para elegir al tuyo. Capitanes, grandes goleadores o porteros imbatibles, suelen ser los elegidos para ocupar los altares de culto de los aficionados al fútbol. Toda afición tiene un ídolo, un jugador al que venera y en el que pone todas sus esperanzas, pues parece el  elegido para llevar a su país o a su club a la gloria. Messi, Neymar, Cristiano Ronaldo, Kane… jugadores que parten en ventaja respecto al resto por una trayectoria que hace que empiecen un torneo como el Mundial en la pole position de los ídolos. Sin embargo, la magia de este deporte hace que a veces lo lógico deje de serlo tanto y da la oportunidad de ser –aunque sea por un breve espacio de tiempo- héroe inesperado. El 15 de julio sabremos quién será el héroe de este mundial, pero mientras tanto podemos recordar a uno de los últimos héroes inseperados de los mundiales: Fabio Grosso.

Los tres momentos de Grosso

Está siendo un Mundial raro. Muy raro para los más veteranos, que dicen que seguramente nos encontremos ante uno de los más reñidos de la historia. La victoria se paga más cara que nunca y los partidos se deciden por pequeños detalles. Un Mundial muy a la italiana se podría decir. Pero sin Italia. Lejos queda el verano de 2006 en Alemania, en el que los transalpinos se proclamaron campeones por cuarta vez en su historia.

Aquella selección, sin ser la mejor de su historia, tenía grandes nombres: Totti, Del Piero, Pirlo, Buffon, Cannavaro… jugadores de renombre entre los que se colaban algunos desconocidos al gran público como Fabio Grosso. Este lateral romano fue convocado por el entonces seleccionador, Marcelo Lippi, después de rendir a un gran nivel en el Palermo, equipo revelación de aquella temporada en la Serie A.

Grosso, con una copa en la sería muy importante | Fuente: Pamboleros
Grosso, con una copa en la sería muy importante | Fuente: Pamboleros

A la hora de conocer la convocatoria pocos podrían imaginarse que ese lateral izquierdo que rondaba la treintena acabaría siendo fundamental para el triunfo azurro. Pero contra todo pronóstico, Grosso se erigió como el héroe de aquel mundial, el hombre destinado a protagonizar los tres momentos más decisivos de aquel mundial. En el partido de octavos de final ante Australia, con empate a cero en el marcador, forzó un más que dudoso penalti en el minuto 93 que Totti no perdonaría. Victoria sobre la bocina y adiós a los fantasmas de la prórroga contra un equipo a priori infinitamente inferior. Italia no sabía que en aquel momento se había empezado a escribir la historia de su triunfo en el Mundial.

En la semifinal, partido frente a la anfitriona en Dortmund. Igualdad máxima durante los 90 minutos y una prórroga que agoniza. Todo el estadio piensa ya en los penaltis; todos menos Grosso. Minuto 118, Pirlo recoge en la frontal el rechace de un córner a favor, aguanta la pelota, pasa a Grosso que golpea de primeras y marca. Italia en la final, de nuevo gracias al lateral zurdo. Quedaba la guinda, el fin de la historia del héroe inesperado. En la final ante Francia, el penalti decisivo de la tanda fue para él, y no falló. El fútbol italiano tenía un mundial más, y un nuevo héroe.