LUCAS MÉNDEZ VEIGA

@LMendez8

La irrupción de las redes sociales en nuestra sociedad ya no es ajena a nadie. El imparable crecimiento de la interacción del público en sus perfiles sociales es una realidad que se ha instaurado en muchísimos ámbito, en la mayor parte de los casos, para mejorar nuestra calidad de vida y permitirnos interactuar con otros usuarios, conocidos o no. Pero existen unos límites.

Loris Karius se lamenta ante los aficionados del Liverpool FC tras la final de la Champions League | Fuente: Diario AS
Loris Karius se lamenta ante los aficionados del Liverpool FC tras la final de la Champions League | Fuente: Diario AS

En parte como todo, con un uso responsable son una herramienta potentísima que nos permite poder acercarnos a temas con los que hace no mucho ni imaginábamos poder tener acceso. Pero, a veces, se sobrepasan límites. Debemos parar. Permitidme que generalice. Lo sé, muchísima gente hará un uso adecuado de sus perfiles para poder expresar sus ideas, inquietudes o gustos. Pero no todo vale.

En el ámbito que nos atañe, en los últimos meses hemos asistido a una imparable oleada de faltas e improperios hacia futbolistas por el hecho de errar. Como personas de ámbito público, muchos reconocen sentir esa responsabilidad, esa exposición ante el gran público que les permite su figura como deportista de élite que trae consigo la posibilidad de ser foco de críticas. El problema viene con la desmesura.

He creído conveniente expresar mi opinión en este sentido ya que no hablamos de un caso aislado. Es cierto que el fútbol, como deporte popular y de masas, permite la propagación de la opinión personal ‘futbolera’ de todos y cada uno de nosotros. Eso me parece perfecto. Es asombroso que todos podamos tener un debate con quien queramos para poder expresarnos acerca de los errores o aciertos que creamos convenientes. El problema viene cuando se rozan límites desagradables e intolerables. Cuando obviamos los límites entre la burla y el ensañamiento cruel.

El jugador sueco de origen turco Jimmy Durmaz (primer plano) ha sufrido el acoso y las amenazas de muerte por provocar la falta que dio la victoria a Alemania | Fuente: RT.com
El jugador sueco de origen turco-libanés Jimmy Durmaz (primer plano) ha sufrido el acoso y las amenazas de muerte por provocar la falta que dio la victoria a Alemania | Fuente: RT.com

Probablemente podamos estar de acuerdo en que sea un tema ahora magnificado justamente también por la acción de las ya mencionadas redes sociales. Y que cada uno tiene una forma de actuar. En la mayor parte de los casos de errores que se magnifican existen diversas fases.

En caliente todo es más fácil. La burla ante errores como los de Loris Karius en la final de la Champions en Kiev o el de Willy Caballero ante Croacia se convierten en una bola que se hace complicada de digerir cuando ya han pasado las horas y los días y comienza el ensañamiento. Creo que se trata más de un tema de empatía. Son profesionales y edulcorarlo tampoco ayudará, probablemente, a sus carreras. Sin embargo, que ese personaje sea público y cometa un error humano no le hace merecedor de una amenaza de muerte.

El tema puede ser largo y muy dado para el debate. Intento poner un ejemplo. Imaginaos la tesitura de un chaval que juega al fútbol en su equipo de toda la vida y asiste atónito a la crueldad con la que se ataca a uno de esos futbolistas profesionales que ve por la televisión. ¿Qué clase de presión sentirá un niño, que debería preocuparse de divertirse, si comete un error y recibe burlas? Ocurre algo similar con la normalización que se comete con los motes en las aulas, ¿está bien por estar normalizado?

Willy Caballero se lamenta de su fallo ante Croacia que desató las críticas y las amenazas | Fuente: La Vanguardia
Willy Caballero se lamenta de su fallo ante Croacia que desató las críticas y las amenazas | Fuente: La Vanguardia

No deberíamos aceptar como lógico que un partido de fútbol, un deporte, un entretenimiento al fin y al cabo, destape los peores impulsos del ser humano. Según un estudio de la Cadena SER, una de cada tres personas utiliza las redes sociales durante los partidos para verter insultos vejatorios contra los jugadores. De ellos, más de un 10% son machistas.

Como deporte que es el fútbol promueve la disciplina y el autocontrol de los propios jugadores y es algo que deberíamos aplicarnos como espectadores/seguidores. No debemos olvidar que la burla y el insulto repetido tiene un efecto muy perjudicial y nada positivo para el que la sufre. Debemos reflexionar como sociedad si invalidar a una persona entera por un fallo concreto es necesario. Para mí, hemos sobrepasado un límite.