Eric Cantona en su presentación con el Manchester United | Fuente: resumensports
Eric Cantona en su presentación con el Manchester United | Fuente: resumensports
CARLOS RODRÍGUEZ LÓPEZ

@carlosrlop

Después de un verano incesante en cuanto a gasto en fichajes, la Premier League levantó el telón a la temporada 18/19 el pasado fin de semana. El desembolso en talento extranjero llevado a cabo por los clubes ingleses, ha despertado el debate acerca de la burbuja que parece haberse formado entorno a su liga. La situación es sorprendente incluso si tenemos en cuenta el creciente gasto de las últimas temporadas, pero asombra más aún si echamos la vista a los años 70.

El fin de la supremacía local

Hubo una época en la que los clubes ingleses reinaban. Estos equipos, formados casi en su totalidad por futbolistas locales (de la ciudad o la región) copaban el olimpo europeo. Concretamente, entre 1977 y 1985, los clubes ingleses ganaron siete de las nueve Copas de Europa disputadas. Sin embargo, a partir del ecuador de la década de los 80, españoles, italianos, alemanes e incluso holandeses, tomaron la delantera y convirtieron a sus equipos en escuadras mucho más potentes que las inglesas.

En los 90, el ansia de recuperar el protagonismo perdido por el aumento de nivel los clubes de las otras ligas europeas, llevó a los equipos ingleses a comenzar a fichar talento extranjero. La situación, impulsada indudablemente por el Caso Bosman –que eliminó los cupos de extranjeros por equipo- y una serie de evoluciones estructurales en la primera división del país (que hizo a la First Division convertirse en la Premier League), propició que jugadores como Cantona, Ginola, Asprilla, Klinsmann o Schmeichel dieran el salto al país que inventó el fútbol.

Con la incorporación de futbolistas extranjeros, el juego físico de la Premier comenzó a ganar notablemente en calidad técnica. El número de futbolistas extranjeros fue aumentando hasta tal punto que, en 2005, el entonces entrenador del Arsenal -Arséne Wenger- alineó a once jugadores foráneos.

Osvaldo "Ossie" Ardiles (izq) y Ricky Villa (dcha)| Fuente: mediastorehouse.com
Osvaldo “Ossie” Ardiles (izq) y Ricky Villa (dcha) | Fuente: mediastorehouse.com

Comprar por comprar

El problema llega cuando se ficha a jugadores -casi siempre extranjeros debido al escaso número de jugadores británicos que triunfan fuera de las islas- porque sí. Jugadores “mediocres” para el nivel del club adquisidor, simplemente para que venga a ocupar ese llamado “fondo de armario”, sin aportar ninguna mejoría al plantel, una decisión motivada, en muchas ocasiones, por no saber muy bien que hacer con la descomunal cantidad de dinero ingresado por los derechos televisivos: ¿hay dinero? pues se gasta. Como si de una colección de cromos se tratase, los propietarios adquieren uno nuevo para su colección  y lo venden 12 meses más tarde, ayudando a crecer la burbuja.

En 2009 la Premier League estableció que, a partir de la temporada 2010/2011, cada club debería tener un mínimo de ocho jugadores “nativos”, es decir, que hayan “entrenado durante tres años por debajo de la edad de 21 años dentro del sistema profesional de Inglaterra o de País de Gales”. El objetivo de esta decisión es precisamente fomentar la apuesta por el jugador nacional e intentar, por lo menos, que cuando se fiche se haga porque puede mejorar realmente el nivel del equipo, y que los canteranos tengan más oportunidades.

Teniendo en cuenta el buen papel de Inglaterra en el pasado mundial gracias a la labor de jóvenes como Delle Alli, Pickford, Sterling o Dier, el amante del fútbol inglés puede ser optimista. Parece que, poco a poco, y pese al continúo chorreo del grifo de los billetes en la Premier, los jugadores autóctonos quieren tener  algo que decir en la mejor liga del mundo.

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