ALEJANDRO VÁZQUEZ CORRAL

@Kovaz5

El fútbol es algo que se lleva dentro. Poco importa la posición en el campo: desde todas las demarcaciones se es partícipe tanto de las victorias como de las derrotas. La pasión de Jorge Campos, si nos regimos por la explicación anterior, es doblemente intensa.

El Brody de Acapulco es un extraño caso en este nuestro mundo esférico. Defensor y enemigo de la portería al mismo tiempo, Jorge Campos fue uno de los jugadores más destacados de la década de los 90. Su habilidad, agilidad y velocidad le hacían tan polivalente que no resultaba extraño que en mitad de un partido dejara los guantes de portero a un lado y se colocara en punta de ataque.

Jorge Campos, portador del dorsal 9 y del 1, con la selección mexicana | Fotomontaje Mundo Esférico
Jorge Campos, portador del dorsal 9 y del 1, con la selección mexicana | Fotomontaje Mundo Esférico

No solo llamaba la atención que en el arco portara el 9 y en la delantera el 1. Hasta podría decirse que eso era lo de menos. Digamos que Campos tenía su estilo. La popularidad del guardameta creció cuando decidió portar en sus camisetas unos diseños elaborados por él mismo y un amigo. ¿Por qué esta combinación de colores y formas? Sus orígenes surferos.

Otro de los diseños de Campos, bajo palos | Fuente: marketingdelosdeportes.com
Otro de los diseños de Campos, bajo palos | Fuente: marketingdelosdeportes.com

Playa mexicana y una cuestión de altura

Los primeros contactos del mexicano con la pelota fueron en la playa. Las bermudas, los rombos, los colores chillones… Campos nunca quiso dejar atrás sus raíces, aunque estuviera en lo alto del fútbol nacional e internacional.

Su baja estatura, alrededor del 1’70 metros, le complicó bastante las cosas al azteca, sobre todo en sus inicios como profesional. Jorge Campos era considerado un portero por aquel entonces. “En mi primer año en Pumas empecé entrenando como arquero”, explicó en una entrevista de Simplemente Fútbol. Era la temporada 88/89 y por delante de él tenía a Adolfo Ríos, insustituible para su técnico, Miguel Mejía Barón.

Antes de recalar en las filas del Pumas de la UNAM, varios equipos cerraran las puertas a Campos al ver su complexión física. La falta de minutos empezaba a ser también un fastidio en Ciudad de México, por lo que le propuso a Barón jugar en la delantera. “Lo veía difícil contra Ríos, pero se habían lesionado todos nuestros delanteros. Le dije a Mejía Barón que quería jugar”, en palabras del propio Jorge Campos.

Campos tenía la curiosa costumbre de subirse al balón en las fotos con el equipo para aparentar ser más alto | Fuente: futbolemotion.com
Campos tenía la curiosa costumbre de subirse al balón en las fotos con el equipo para aparentar ser más alto | Fuente: futbolemotion.com

El técnico decidió darle la oportunidad al de Acapulco como artillero, pero en las categorías inferiores. Campos anotó cinco goles en cinco partidos y dio buena muestra de sus capacidades. Sin embargo, cuando se preparaba para jugar en el primer equipo como delantero, Adolfo Ríos se lesionó y tuvo que ocupar su sitio bajo palos.

Con el término de la campaña y el inicio de la 89/90, Miguel Mejía decidió, por fin, que Jorge Campos fuera el delantero titular. Anotó 14 goles en Liga y 7 en la Concacaf, su mejor registro goleador en una misma temporada. “Me ayudó mucho mi faceta de anotador”, explicaba. Campos fue uno de los primeros guardametas en abandonar el área e intentar anticipar los movimientos de los delanteros rivales. Su especialidad: el mano a mano. Otros, como el brasileño Rogério Ceni, prefirieron buscar el gol a balón parado.

Figura internacional

Ya con la década de los 90 iniciada, Campos aceptó ser portero, pero con la condición de poder intercambiar de posición durante algunos partidos. Pumas sería su casa hasta el 95, cuando probaría suerte en el Atlante. Sería también uno de los primeros jugadores en disputar la Major League Soccer de Estados Unidos —que tendría su primera temporada en el 96—, en las filas de Los Ángeles Galaxy. También disputaría un año en los Chicago Fire, pero la mayor parte de la carrera de Jorge Campos transcurriría en México.

Fue precisamente con la selección nacional donde el guardameta —Campos solo se desempeñó como arquero con el Tri— adquirió mayor protagonismo. Portero titular en los Mundiales del 94 y el 98, su estética y estilo bajo palos deslumbró a un panorama internacional atónito. La fama de Campos fue tal que llegó a protagonizar junto a figuras como Kluivert, Maldini o Ronaldo el famoso spot publicitario Good vs. Evil de Nike.

Europa-free

Jorge Campos fue la figura en la Copa Confederaciones que México ganó en el 99. A sus 33 años, el azteca cerraba un palmarés y prácticamente una carrera —aunque se retiraría profesionalmente cuatro temporadas después, en las filas del Puebla FC— envidiable. Con 130 partidos, Campos es el sexto jugador mexicano con más apariciones internacionales. Fue designado el tercer mejor portero del mundo por la IFFHS en 1993 y es, sin duda, uno de los jugadores más queridos y recordados por los aficionados aztecas.

Una de las circunstancias más señaladas de su carrera ha sido la decisión de no abandonar el continente americano. Decir ‘no’ a Europa pudo haber sido uno de los límites que Campos se impuso a la hora de llegar a ser incluso más grande. Sea como fuere, el de Acapulco aparece en los libros de historia futbolística. Nunca mejor dicho, Campos se hizo grande bajo palos.

Jorge Campos, con una de sus excéntricas camisetas, defendiendo la portería de Pumas | Fuente: Horizonte Tunero
Jorge Campos, con una de sus excéntricas camisetas, defendiendo la portería de Pumas | Fuente: Horizonte Tunero