Marco Asensio | Fuente: Reuters
Marco Asensio | Fuente: Reuters
CARLOS RODRÍGUEZ LÓPEZ

@Carlosrlop

El otro día vi una boina en la entrada de mi casa. Me acordé de que me la ponía cuando era pequeño, porque por aquel entonces se podría decir que me vestían como si fuera un viejo. Supongo que, como en el de algún que otro imberbe de la época, en mi atuendo de los early 2000 no faltaban nunca los pantalones de pana y aquella dichosa boina (sí, boina en singular, porque lo más jodido es que recuerdo llevar siempre la misma). Afortunadamente, más pronto que tarde, colgué la boina y dejé de parecer un viejo.  

La verdad es que no estoy seguro, pero supongo que el cambio me habrá venido bien. Entre recuerdos de esos tiempos de uniforme, se me vino a la cabeza una frase que mi madre me decía mucho en aquella época: “cada uno es cada uno”. Con esas cinco palabras hacía naufragar nuestras negociaciones cada vez que yo soltaba el dichoso “pero fulanito tiene esto” o “es que a menganito le regalaron aquello”. A mí esa facilidad para dejarme sin argumentos me crispaba, especialmente cuando lo acompañaba del bonus track  “tú también tienes cosas que fulanito no tiene”. Aquello sí que era un jaque mate.

Este no está siendo el año de Marco Asensio, en gran medida porque ha perdido una de sus cualidades más características: parecer un viejo. Esa era su mayor virtud, la de ser un crío que en el campo jugaba con el desparpajo de alguien mucho más veterano. En su caso es mejor que no siga mi ejemplo  y acepte que parecer viejo es de lo mejor que le puede pasar. Sé que el hecho de que tu imagen no se adecue a tu verdadera edad es duro, Marco, pero piensa que “cada uno es cada uno”, por lo que ni tú eres yo para que te beneficie el no parecer viejo, ni yo parecía precisamente un Peaky  Blinder con mi boina.  


BONUS TRACK: tú también tienes cosas que yo no tengo -concretamente dos Champions y una Liga- pero vamos, que si quieres, te las cambio por mi boina. Yo encantado.