Aspas en el palco durante el partido | Fuente: ABC
Aspas en el palco durante el partido | Fuente: ABC
CARLOS RIANDE CORTIZO

@carlosriande

Una droga es un fármaco. Una sustancia que una vez ingerida y asimilada por tu cuerpo crea un cambio. Si nos referimos a términos terapéuticos, una droga es la medicina prescrita por un médico para proteger a un paciente de una enfermedad, curar o aliviar su dolor. Iago Aspas es una droga y no hay droga más potente para un celtismo que se encuentra con el mono.

Tener el mono

Llevo sin chutarme desde el 22 de diciembre, día en el que el Camp Nou premió con una sorprendente ovación al número 10 del equipo contrario después de que cayera lesionado. Rotura fibrilar en el gemelo. Alrededor de un mes sin volver a tener esa sensación de éxtasis. Se me caía el mundo encima. ¿Cómo podría aguantar tanto tiempo? En mi interior sabía que no podría, que sin él ni existo ni soy yo mismo. A pesar del golpe, me llené de valor y me dije a mí mismo que iba a demostrarle que, entre todos, unidos, sacaríamos esto adelante. Era por su bien, para que no se sintiese con la responsabilidad de quien es imprescindible.

El sábado me despierto angustiado, con las sábanas revueltas, sudor a pesar del frío y con la mente puesta en las 20:45 horas. Veintiocho días después todavía no he podido demostrar que puedo vivir sin él. Me da vergüenza admitirlo pero no soy capaz de olvidarle. “Me enamoré de alguien por quien hubiese dado la vida, y eso es como una droga”, dijo Amy Winehouse sobre su marido. El sentir general la calificó de drogadicta pasando por alto el peso de la dependencia emocional en su autodestrucción.

Pasa el día, sin pena ni gloria, y tomo mi asiento de Río Alto. Allí se reúnen otros yonkis como yo. Nos rascamos la cabeza, mordemos las uñas y nos consume la ansiedad. Antes del partido Iago Aspas pisa el césped. Lo hace, vestido de calle, para recoger su cuarto premio Manuel de Castro -mejor jugador del año 2018-.

“Me enamoré de alguien por quien hubiese dado la vida, y eso es como una droga”, dijo Amy Winehouse sobre su marido. El sentir general la calificó de drogadicta pasando por alto el peso de la dependencia emocional en su autodestrucción.

Sí, soy adicto

Iago posa con el premio | Fuente: Moi Celeste, foto de Pablo Vázquez
Iago posa con el premio | Fuente: Moi Celeste, foto de Pablo Vázquez

En mitad del partido, con los cinco sentidos puestos para acompañar al equipo y demostrar que podemos hacerlo, el maldito videomarcador pone sus ojos en el palco. Ahí está. Cómo le echo de menos y cuánto daríamos, tanto él como yo, por verle de corto. Empezamos concentrados el encuentro, con la formalidad del que pende de un hilo. Sin grandes alardes, un gol de Araújo a saque de esquina me permite comer el bocadillo del descanso con 1-0 favorable. No tengo mucha hambre, siento nerviosismo y un mal presentimiento. Vuelvo a recordar que no podemos ganar sin él. Lo dicen los datos: el Celta en los 12 últimos partidos de Liga sin Aspas cosecha dos empates y diez derrotas. 2 puntos de 36. Los fantasmas golpean mi puerta cuando los futbolistas salen del vestuario para disputar la segunda parte.

Recuerdo que las tres últimas derrotas del Celta han sido sin Iago Aspas. No puntuamos desde que tengo el síndrome de abstinencia. Con el gol del empate del Valencia sólo veo sombras. No marcamos frente al Barça, contra el Athletic fue a balón parado, del mismo modo y de penalti en Vallecas y hoy de córner. ¿Cómo vamos, a falta de veinte minutos, a marcar un gol más? No hay ni capacidad ni alma para reaccionar. Sin la sustancia que tapa las carencias y permite aislarme de la realidad para soñar no hay un líder. Somos un equipo sin pegamento. Un conjunto no compacto que está lejos de estar optimizado en ataque y que es muy poco competitivo en defensa. Recibo el golpe del 1-2 y me tumba. Termina el partido.

No puedo estar un partido más sin él. Creía que podría pero se ha visto a las claras que somos incapaces. El equipo de la liga más dependiente de un sólo jugador. Quiero acabar la penitencia de estar sin Iago Aspas. El origen de la expresión ‘tener el mono’ surge cuando los drogodependientes afirman que, cuando tenían el síndrome de abstinencia, era como tener un mono montado en la espalda con su consecuente sensación de angustia y malestar. Siento que tengas tantísima responsabilidad en tu espalda pero reconozco que soy adicto y dependemos de ti. Sólo un chute más.