Debut como jugador de la selección española de Bojan, en septiembre de 2008 | Fuente: Marca
Debut como jugador de la selección española de Bojan, en septiembre de 2008 | Fuente: Marca
ALEJANDRO VÁZQUEZ CORRAL

@Kovaz5

¿Se acuerdan del perro negro? No necesitó ladrar para atemorizar hasta el extremo a futbolistas de la talla de Robert Enke. Nos preguntábamos cuál era la mejor manera de conseguir ponerle la correa al animal. Es uno de los primeros pasos para conseguir domar a la jauría.

El fútbol se construye, como todo en la vida, a base de impulsos. El balón recorre el campo de punta a punta como resultado de una serie de estímulos. El defensa central le cede el esférico al mediocentro porque cree fervientemente que este tomará una mejor decisión en el siguiente lance. Algo, llámese lógica o simplemente sentido común, motiva esa acción. Insisto, no solo en el fútbol.

Los impulsos nos mueven. En nuestra cabeza se arremolinan miles de ellos, y en muchas ocasiones, por no decir casi siempre, sencillamente se quedan ahí. Algunas veces no damos rienda suelta a esas ideas por considerarlas una locura. El defensa central no opta por intentar regatear a los contrarios en lugar de realizar un pase de seguridad porque sabe que es arriesgado. En cierto modo, tiene miedo de que suceda algo perjudicial como consecuencia de su decisión. Y tener miedo no es malo. O no siempre.

Sin presión no hay paraíso

Si ya resulta habitual escuchar un “yo es que trabajo mejor con un poco de presión” en el ámbito académico, imagínense en el futbolístico. Hay para quien las adversidades resultan motivaciones. Y eso es algo que se lleva muy adentro y que otorga un carácter especial a esa persona. Se calcula que más del 90% de la población española -según un estudio de CinfaSalud– ha padecido algún episodio de estrés a lo largo del año.

Un individuo sufre estrés cuando se siente desbordado por las demandas que recaen sobre él. Cabe recordar de nuevo que este tipo de sentimientos no son necesariamente malos. Son reacciones de nuestro cuerpo y nuestra mente a los sucesos que nos rodean. Y no son ajenos a nadie.

Vivir con estrés no implica necesariamente padecer ansiedad. No es lo mismo, aunque lo cierto es que ambos trastornos están muy relacionados. Podríamos decir que la ansiedad es un planeta y el estrés parte de sus habitantes -que no todos-. Por supuesto, también afecta al firmamento futbolístico.

La ansiedad es un mundo

Decimos que la ansiedad es un mundo, y como tal, a veces a uno se le viene encima. Si ya de por sí resulta un tema tabú en la sociedad, la estigmatización alcanza unos niveles insospechados en el deporte. No se habla de enfermedades, y menos mentales, en el seno de las grandes competiciones. Si algo interesa en las altas esferas deportivas es mantener la idea de que todo va bien. De que no hay sentimientos malos, solo buenos.

El fútbol es el deporte rey en España y en la mayor parte del mundo -con o sin monarquías de por medio-. Los futbolistas vienen y van y nunca hay un puesto insustituible. A los aficionados nos encanta sentarnos el fin de semana e intentar adivinar con qué resultado afrontaremos -nosotros y nuestro equipo- el siguiente partido. No nos interesa demasiado el devenir de los entrenamientos semanales de los nuestros. De si han sonreído, de si ha habido muchos caños en los rondos o de cómo va la progresión de los lesionados en el gimnasio. Se trata de resultados.

Parte del tobillo derecho de Santi Cazorla está cubierto con la piel del antebrazo del jugador. Un tatuaje dedicado a su hija India está ahora partido en dos | Fuente: Marca
Parte del tobillo derecho de Santi Cazorla está cubierto con la piel del antebrazo del jugador. Un tatuaje dedicado a su hija India está ahora partido en dos | Fuente: Marca

De imágenes como las del tobillo de Santi Cazorla tras varios años de operaciones nos llama la atención la cicatriz. En la herida luce medio nombre de su hija, trasplantado de un tatuaje que el futbolista llevaba en el antebrazo. La historia poco nos importa. Se nos olvida rápido. Cazorla vuelve a triunfar en el Villarreal y quién se acuerda de eso ya. El resultado terminó siendo bueno; ¿para qué preocuparse entonces?

Cuando un suceso es tan escalofriante que consigue trastocar la realidad futbolística, parece que se quiebra levemente esa pared de cristal que separa a futbolistas y aficionados. Lamentablemente, el resquebrajamiento no suele ir a más. Sucedió con el fallecimiento de Robert Enke por culpa de una enfermedad que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo. La sociedad, en ese momento, pareció comprender que portar un dorsal y un escudo no eximía a las personas de sentir emociones. Sin embargo, el luto pasó y el hecho de calzarse unas botas y una elástica cada fin de semana volvió a ser excluyente de esa condición.

Todo por centímetros. Al final eres una ruina o un fenómeno por muy poco

Carreras que vienen y van

Los impulsos, decía, mueven el fútbol. Y la ansiedad es uno de esos impulsos. Dice la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés –SEAS– que la ansiedad está relacionada con la angustia y el estrés, pero que sobre todo aparece ligada al miedo. El miedo es una emoción, y como tal, parece estar más que prohibida en el fútbol profesional. Un informe de FIFPro del año 2015 sitúa en torno al 40% el porcentaje de jugadores en activo que padecen algún trastorno mental.

Los que hablan sobre ello dicen haber superado sus problemas. Ya están bien y precisamente por eso pueden contarlo. Jugadores como Bojan relatan sus penurias años después de que tuvieran lugar. “No fui a la Eurocopa de 2008 porque tenía problemas de ansiedad, pero dijimos que era porque me iba de vacaciones. En mi debut internacional sufrí un ataque de ansiedad y dijeron que tenía gastroenteritis”, recuerda.

Decían de él que sería el nuevo Messi. Se lo decían a él, que tenía 17 años y cursaba bachillerato. Para Bojan la presión se convirtió en prisión. También para Morata, a quien su particular lucha contra las lesiones en los últimos años lo sumió en un encierro. “Todo se convirtió en jugar para demostrar”, aclaraba meses después. Él mismo era consciente de que su trabajo estaría bien o mal hecho en función de si marcaba o no, “todo por centímetros. Al final eres una ruina o un fenómeno por muy poco”.

Un, dos, tres, escondite del estrés

Jesús Navas e Iván Campo, entre otros, son muestras de por qué los futbolistas optan por esconder sus problemas emocionales ante los focos. La palabra ‘ansiedad’ saltó a relucir en los medios de comunicación con ambos jugadores. Varios cuadros agudos de ansiedad impidieron que Navas completara varias pretemporadas con el Sevilla durante sus primeros años como profesional. El andaluz era una de las grandes sensaciones del fútbol español y el por aquel entonces seleccionador nacional, Luis Aragonés, quiso contar con él para preparar la Eurocopa de 2008. Jesús Navas no se vio capaz y rechazó la convocatoria por sus problemas de ansiedad. No soportaba estar lejos de su familia. Ser conocido y juzgado constantemente le pesaba demasiado. Y esos problemas estaban marcando también su carrera en el Sevilla.

La prensa se lo comió por aquel entonces e incluso solicitó medidas para que sancionaran sus comportamientos extraños. Fue el trabajo con los psicólogos del club lo que consiguió salvar la trayectoria de Navas como profesional. Con Iván Campo, durante su etapa en el Real Madrid a principios de los 2000, sucedió algo semejante. Una crisis emocional lo apartó del trabajo diario con el club durante un tiempo. Los médicos del Madrid pusieron nombre en rueda de prensa al problema que le impedía a Campo vivir con normalidad: ansiedad. Con él se abrió la veda de futbolistas maltratados por su condición humana.

Awer Mabil, jugador de la selección de Australia, celebra de una particular manera sus tantos. Con una mano se tapa la boca y con otra se señala la cabeza. Con ello, según explicó durante el transcurso de la Copa de Asia en enero de este año, pretende visibilizar los colectivos que padecen algún tipo de problema de salud mental y pedirles que no se queden callados. Su celebración ha iniciado un particular reto, el #AMChallenge, en el que varios futbolistas imitan al australiano. Uno de ellos ha sido el jugador del Celta, Pione Sisto.

Fuente: socceroos.com.au
Fuente: socceroos.com.au

 

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No todos la sentían de igual manera. Bojan, dice, se sentía enfermo las 24 horas del día. Navas no podía relacionarse con gente fuera de su entorno inmediato. Iván Campo no conseguía dormir ni se atrevía a leer la prensa. Lo peor es que no es necesario llegar al fútbol profesional para encontrarnos con la misma raíz de todos esos problemas.

Desde la base

La ansiedad me quitó el fútbol y aún no me lo ha devuelto”, cuenta uno de esos tantos jóvenes que terminan abandonando sus botas en un armario poco después de cumplir los veinte. En su caso no es la condición física ni la falta de tiempo el causante de la retirada prematura. No se ha ido a estudiar fuera, como tantos otros, aunque confiesa que le gustaría. Empezó en el fútbol cuando se lo permitieron en el colegio, en uno de tantos pueblos donde el fútbol sala es la única solución para que los niños puedan luchar por alcanzar su sueño.

Del fútbol sala saltó al verde. También al marrón. “Creo que los futbolistas de alto nivel rendirían de otro modo si tuvieran que jugar en los campos que pisamos en Regional”, afirma. Nunca superó la barrera del amateurismo, pero fue feliz con el fútbol y su ‘tercer tiempo’. Lo sigue siendo, pero ahora solo como espectador. La ansiedad lo dominó y tuvo que dejarlo.

Sentía la presión de Messi o Cristiano, pero jugaba en Tercera Regional

Su nombre, dice, “es lo de menos”. “Dejé mi equipo de toda la vida y a nadie le resultó extraño. Llevaba dos años sin encontrarme bien. Me encantaba jugar y lo hacía bien, pero poco a poco fui sintiendo como todo se me echaba encima”, cuenta, casi como si se tratara de un niño que ha roto un plato jugando. “Soy consciente de lo ridículo de la situación y también lo era por aquel entonces, pero me sentía presionado por jugar bien todo el rato. Al final no podía ni esprintar y tuve que fingir que no me encontraba bien para quedarme en el banquillo varios partidos. Sentía la presión de Messi o Cristiano, pero jugaba en Tercera Regional”, explica.

Dejó de ir a entrenar. En el banquillo nadie le juzgaba y se sentía cómodo hasta el momento en el que el entrenador le pedía que se pusiera a calentar. “El problema llega cuando es la ansiedad la que te produce tu propia ansiedad. Te asustas porque sientes miedo de una manera totalmente irracional. No sabes que un futbolista puede sentir tal cosa porque eso no se explica”, reflexiona. Al final terminó por dejarlo definitivamente.

Sigue yendo al campo todos los fines de semana. Se lo pasa bien. ¿Se arrepiente?. Es una decisión que mi propio cuerpo me obligó a tomar. No lo hablé con nadie. Pero aún soy joven y tengo tiempo de volver a jugar si quiero”, responde. Lo cierto es que tiene razón. Apenas luce una barba completa. Pero el tiempo que la enfermedad le ha quitado no se lo puede devolver el fútbol.

Non todo é o que parece, amigo

Hay cierto consenso entre las instituciones especializadas para definir la ansiedad como una reacción de nuestra mente ante lo que creemos que va a suceder. El sentimiento que prevalece durante episodios de ansiedad es, por lo general, el miedo. Durante cuadros de depresión, es la tristeza.

Puede que en algunas ocasiones acertemos en nuestros pronósticos sobre el desenlace de un suceso. Si nos presentásemos a un examen sin haber estudiado lo más mínimo, sería muy difícil que lográsemos aprobar. Pero hay otras ocasiones en la vida en las que no compensa aventurarse a adivinar lo que sucederá.

Preocuparnos en exceso nos impide concentrarnos en hacer nuestras tareas lo mejor posible. Es francamente complicado superar esos temores por uno mismo, y mucho menos si no se puede hablar abiertamente de ellos. El fútbol, el rey de los deportes, que tantas emociones genera entre sus aficionados, se olvida se sus propios cimientos. Los futbolistas también son humanos.