Algunos de los protagonistas de este febrero | Fotomontaje Mundo Esférico
Algunos de los protagonistas de este febrero | Fotomontaje Mundo Esférico
ALEJANDRO VÁZQUEZ CORRAL

@Kovaz5

El fútbol es un deporte caprichoso. Uno sabe cuándo empiezan las temporadas, pero nadie puede decir a ciencia cierta cómo van a terminar. A veces parece que los equipos siguen un guión escrito por Pajares y Esteso. Faltan tres meses de competición y algunos clubes ya están muertos, unos han resucitado y de otros no se sabe si van a hacerlo.

El inicio de este febrero a mí me pilló en la barbería. Tuve que esperar un buen rato antes de poder sentarme en una de esos sillones que recuerdan a los asientos de un descapotable americano de los 60. En el local estábamos el barbero, un señor ya entrado en años y yo. A pesar de que el cliente anterior ya lucía un nuevo corte de pelo, decidió quedarse y continuar de conversación con el dependiente mientras yo ocupaba su sitio.

El peluquero -cruel destino, totalmente calvo- discutía conmigo y el hombre -cuya frente se extendía hasta el cogote- acerca del frío imperante aquellos días. “Tú tienes suerte de momento, podrías sufrir aún más con las heladas”, me decía el señor, señalándose la calva. Lo cierto es que, si de algo no me puedo quejar a mis veintipico, es de ausencia de pelo. Aún así, jocoso, le indiqué al buen hombre que ya estaba temiendo la aparición de entradas, que en mi familia era algo común. “Lo peor no son las entradas, sino las salidas”, rio el barbero, a cuya carcajada se sumó su alopécico compañero.

Saliendo escaldados

Me fui de la barbería con dos kilos menos de pelo en la cabeza y tres más en las orejas. Recordé el comentario de mi peluquero y amigo en la ducha. “El cabrón tiene más razón que un santo”, pensé para mis adentros.

Ayer, ya con febrero terminado, regresé a la peluquería. Esta vez no tenía ningún cliente más, así que no tuve que esperar y el barbero me invitó a sentarme. Sin yo darle indicación alguna, se dispuso a recortarme el pelo como de costumbre. “Bueno, ¿qué tal el mes?”, me preguntó. “Pues como siempre, saliendo de uno para meterme en otro”, le dije.

Algo así le pasa al Real Madrid últimamente. No sale de una para que llegue la siguiente y lo destroce todavía más. En la ‘casa blanca’ fue, como vaticinó mi barbero, peor la salida de febrero que la entrada. Cualquier aficionado merengue agradeció que este año no fuera bisiesto. A día 1 podía considerarse digno aspirante al título en cualquiera de las tres competiciones que disputaba. Poco después del 28, ni Vinícius sonríe.

En España, arriba el Barça

Si el Madrid sale en silla de ruedas de febrero, el Barcelona lo abandona en volandas. Poco le puede salir mejor al conjunto de Valverde, que tiene más de media Liga en el bolsillo y se ha apuntado a su sexta final de Copa del Rey consecutiva. No hay nadie en España que haya disputado y ganado el título en más ocasiones. Més que un club, es el Rey de la Copa.

El Valencia intentará este año desestabilizar la monarquía de Messi y los suyos en la final del Benito Villamarín. El equipo que más empata en Liga tumbó a los anfitriones en una semifinal que desencadenó una crisis en media Sevilla -la otra mitad también lo está, pero Rodrigo no tiene la culpa en este caso-. La Copa solo estará en la ciudad de paso, como el propio Betis en la Europa League. A Setién le baila su asiento con el ruido de los pitos, así que deja febrero con la esperanza de que la Liga lo devuelva a Europa.

De no encaminar ese objetivo, podría terminar como Miguel Cardoso -quien casualmente tiene un aire a mi barbero-. Llegó al Celta algo confundido en su presentación y se marchó con la clarividencia de un murciélago sordo. La marea roja de la tabla está a punto de contaminar las costas de Vigo. Si Fran Escribá solventa la papeleta será el mayor logro de la temporada. Quién lo diría hace medio año.

Kepa-re, por favor

Sarri sobrepasaba el límite de la cremallera de su cazadora mientras Kepa tenía la misma duda que yo al hacer una tortilla: no sabía cuántos huevos había que echarle

Las cosas están mucho más divertidas al otro lado del charquito -el Canal de la Mancha, vaya-. Con el descenso casi asegurado de Huddersfield y Fulham, solo queda por saber quién será el último en caer. La emoción está en la parte alta. Febrero deja un nuevo líder en la Premier y una competición a cuatro por dos puestos de Champions. Tottenham y el United de Ole ocupan las plazas de momento, con el permiso de un Chelsea con un partido menos y un ridículo más.

Sarri se desesperó en la banda con Kepa durante la final de la Carabao Cup. Caballeró no llegó a ingresar en el terreno de juego | Fuente: Sporting Life
Sarri se desesperó en la banda con Kepa durante la final de la Carabao Cup. Caballeró no llegó a ingresar en el terreno de juego | Fuente: Sporting Life

La escena más surrealista del fútbol profesional en los últimos tiempos tenía que protagonizarla un español. Sarri sobrepasaba el límite de la cremallera de su cazadora mientras Kepa tenía la misma duda que yo al hacer una tortilla: no sabía cuántos huevos había que echarle. Lo que pudo convertirse en una heroicidad terminó resultando en un esperpento mundial.

A todos se nos quedó la misma cara con Kepa y Sarri que a Neymar con su PSG en la Champions League. Cuando ya parecía que lo tenías todo hecho –otra vez-, te eliminan justo al finalotra vez-. Lo más bonito de la noche para los parisinos fue el tifo antes del partido. Lo resto, puro dolor. Les decía a mis amigos a principios de febrero que Solskjær me recordaba a Zidane por su ‘flor’; a día de hoy creo fervientemente que Ole es lo más parecido a la estrellita del Super Mario que voy a ver en mi vida.

Así lució la grada del Parque de los Príncipes antes del definitivo PSG - United | Fuente: Publimetro.com.mx
Así lució la grada del Parque de los Príncipes antes del definitivo PSG – United | Fuente: Publimetro.com.mx

Este mes, antes de marcharme de la peluquería, le pedí por primera vez al barbero que me lavara la cabeza tras el corte. Normalmente no lo hago porque vivo relativamente cerca y me quedo más a gusto tras ducharme en casa. “¿Y este milagro?”, me preguntó el barbero en tono de broma. Moví los hombros con indiferencia, cambié de tema y tras el lavado me marché con la espalda ligeramente húmeda. Imaginaba que al lavarme allí la cabeza no saldría con tantos pelos en las orejas. Era una oportunidad para iniciar el mes de manera diferente. Tenía razón; la mayoría de pelos se habían trasladado a mi nuca con el agua.