Plantilla de la Ponferradina durante la temporada 1993/1994 | Fuente: Archivo Diario de León
Plantilla de la Ponferradina durante la temporada 1993/1994 | Fuente: Archivo Diario de León
DIEGO TOMÉ CAMOIRA

@FirstClassSDP

“Diego Ribera la pone para Fran, llegará Fran desde atrás. Fran, Fran, Fran Fran!! Gol, gol, gol, gol, gol, gol. GOOOOOOOOOL. Lo sabía. GOOOOOOOOL. Lo sabía. GOOOOOOOOOL DE LA DEPORTIVA”

Faltaban escasos minutos para que dieran las 7 de la tarde del 25 de junio de 2006 en el Estadio José Rico Pérez de Alicante. A 5 minutos de la conclusión del encuentro, y haciendo valer el empate cosechado una semana antes en el municipal de El Toralín, el hoy desaparecido Alicante Club de Fútbol era nuevo equipo de 2ª División.

A más de 800 kilómetros de distancia, desde Ponferrada, una ciudad entera estaba pendiente de la radio. Apenas quedaba espacio para la reacción y los aficionados blanquiazules veían como –por segundo año consecutivo- se quedarían a un paso de probar las mieles del fútbol profesional. El resto es historia. El gol de Fran, la narración de Toño Jiménez grabada a fuego en el imaginario colectivo de toda una comarca, y una grada visitante del Rico Pérez que vibraba extasiada con el gol más importante de la historia del club berciano.

Y es que aquel gol tenía un significado especial para todos aquellos hinchas desplazados hasta la ciudad alicantina, pero, de especial manera, para aquellos que hacía poco más de una década habían puesto su granito de arena para salvar a una Sociedad Deportiva Ponferradina que, allá por el año 1994, parecía haber construido su santo sepulcro.

El viacrucis deportivista

Nos adentramos en la década de los 90 y el Estadio de Fuentesnuevas veía como su club, tras haber ascendido por primera vez a Segunda División B tan sólo dos años antes, parecía asentarse dentro de la categoría. Clubes que han desarrollado su trayectoria más reciente en Primera como Getafe o Leganés, visitaban el feudo blanquiazul por aquel entonces en la tercera categoría del fútbol nacional. Incluso, el conjunto se acostumbró a pasar eliminatorias en el Torneo del KO, lo que posibilitó que clubes como el Real Zaragoza, punteros por aquel entonces, visitaran el campo de Fuentesnuevas.

La presidencia de Delfrido Pérez Vales parecía ir viento en popa, y tras 4 años al mando de la nave blanquiazul, el máximo mandatario conseguía que la escuadra ponferradina se hiciera un nombre entre los clubes más asentados en la división de bronce nacional. El salto al profesionalismo estaba lejos, pero la entidad logró por aquel entonces soterrar ese amateurismo que había predominado desde la fundación del club en el año 1922. Así lo demostraba la política de fichajes llevada a la práctica, con contrataciones como las del centrocampista segoviano Pablo Gila o el delantero gijonés Chus Abad, pese a que el núcleo duro de la plantilla siguiese estando formado por jugadores criados en la cantera, como Pepe Ramos, Santamarina y O’Donell entre otros.

Con la consolidación de la Deportiva en Segunda B, y en cuestión de dos años, se pasa de un once donde casi todos los jugadores eran -como coloquialmente se dice- ‘de la casa’, a una plantilla en la que encontrar a canteranos resultaba una quimera; tan sólo veteranos como O’Donell o Pereira encontraban su lugar en aquel once titular.

Tras la temporada 91/92, en la que la Ponferradina coquetea con el descenso a lo largo de toda la campaña, el club alcanza un déficit cercano a los 15 millones de pesetas, lo que, pese a lograr la salvación en términos deportivos, dejaba en una situación delicada al club para venideros cursos. Pese a ello, el 26 de junio de 1992 la Asamblea General ratifica la continuidad de Pérez Vales al frente de la Sociedad Deportiva Ponferradina. Además de ello, llegará un nuevo técnico, Roberto Álvarez, así como el regreso al cuerpo técnico de Enrique Rodríguez en calidad de secretario técnico del club, uno de los hombres señalados tras el descenso a los infiernos de la Deportiva apenas dos años más tarde.

Manolo Peña, canterano del club, y una de las ventas más prolíficas de la Deportiva por aquel entonces, comentaba lo siguiente al respecto de la política de fichajes llevada a cabo a comienzos de los años 1990.

Espero que los nuevos directivos de la Deportiva no cometan el error de olvidarse de la cantera, advertía en julio de 1994, tras la marcha de Delfrido de la presidencia, el difunto ex jugador deportivista, por aquel entonces enrolado en la disciplina del Cádiz Club de Fútbol; en un momento en el que parecía que, el terremoto que hizo temblar los cimientos de la entidad durante la temporada 93/94 comenzaba a arreciar.

Manolo Peña en su etapa como jugador del Real Valladolid | Fuente: Mundo Deportivo
Manolo Peña en su etapa como jugador del Real Valladolid | Fuente: Mundo Deportivo

El comienzo de la debacle

Precisamente dicha campaña se inaugura con las expectativas de acabar en la cabeza de la tabla, tras 6 temporadas de forma consecutiva en Segunda División B, y con las miras puestas en la disputa de un posible Playoff que acerque al conjunto deportivista a la división de plata del balompié español.

La plantilla es ampliamente renovada para esta campaña 1993/1994, sumando el cuadro berciano diez nuevas incorporaciones que vienen a sustituir a las trece bajas con las que cuentan los ponferradinos. Entre estas bajas se encuentran las de los juveniles Toñín, Ricardo y José Manuel Aira, quienes, ante la política del club de traer jugadores con experiencia en el grupo I de Segunda B, ven truncadas sus posibilidades de llegar al primer equipo. Las tres perlas blanquiazules cruzan más allá del Courel y desembarcan en A Coruña, para firmar su primer contrato con el filial del Deportivo; aunque para algunos, como en el caso de Toñín, será un viaje de ida y vuelta que acabará con el jugador berciano formando parte del plantel que conseguirá el ascenso en el año 2006.

Si bien los jugadores que se habían contratado para intentar dar un salto cualitativo en la división de bronce, eran de renombre dentro del balompié semi profesional en España, los impagos por parte de la directiva provocaron un malestar entre algunos de aquellos futbolistas, quienes acabaron por denunciar al propio club debido a la situación económica que estaban atravesando.

Antonio, Benítez, Bolaños, Bercianos, Abril, Barral, Gausachs, San Nazario, Cancillo, Flórez y Pedro. Bien podría ser el once titular de aquella Deportiva, sin embargo, estamos hablando de los principales acreedores y denunciantes por impagos a manos del club. Los recién llegados esa misma temporada Antonio y Benítez encabezaban la lista de acreedores, ya que a ambos futbolistas se les adeudaba una cantidad superior a los 2 millones de pesetas antes del final de aquella campaña.

Pese a la deuda contraída con los jugadores, alguno de ellos acabaría haciendo un curso para enmarcar, como en el caso de Antonio, quien finalizó aquel año como máximo goleador del Grupo I tras anotar 23 tantos.

La nefasta gestión por parte de la directiva no sólo afectaba a los jugadores, sino que el ambiente se extrapoló a todos los estamentos del club. Tras la derrota frente al Celta Turista en noviembre de 1993, Roberto Álvarez, entrenador del cuadro berciano, realizaba unas beligerantes declaraciones hacia su propia directiva. Esta derrota era previsible, desde comienzos de la temporada no estuve incluido en la planificación deportiva. No he tenido parte en los fichajes realizados, afirmaba.

Al día siguiente, la dirección deportiva del club decretaría su cese. Álvarez despejó balones fuera como se dice en el argot y cargó la responsabilidad de la confección de aquella plantilla en Enrique Rodríguez, el secretario técnico que acabaría dejando el club por motu proprio aquella misma campaña. Lo cierto es que buena parte de los futbolistas que conformaban aquel grupo humano, se encontraban en una situación extrema de vulnerabilidad económica, llegando, incluso, a alimentarse de los bocadillos que diferentes familias relacionadas con el club le proporcionaban. Entre ellas, la de Enrique Rodríguez.

El año nuevo, vida nueva, no parecía tener su extrapolación a los mandos de la nave blanquiazul, mientras la deuda contraída por la presidencia de la Deportiva no hacía más que agrandarse. A finales de enero de 1994 se habilita un proceso electoral en busca de un nuevo presidente, tras decretarse que Delfrido Pérez Vales dejaría de ejercer como máximo mandatario de la entidad tras 8 años al frente del equipo.

ESTA PIEZA ES LA PRIMERA PARTE DE UN REPORTAJE SOBRE LA SOCIEDAD DEPORTIVA PONFERRADINA Y LA TEMPORADA 1993/94, EN LA QUE EL CLUB BERCIANO CONSIGUIÓ SU SALVACIÓN DE MANERA IN EXTREMIS. NOS GUSTARÍA AGRADECER LA COLABORACIÓN A QUIEN LO HA HECHO POSIBLE, ASÍ COMO AL ARCHIVO DE DIARIO DE LEÓN Y LA CRÓNICA 16.