Brazalete arcoiris contra la homofobia en el fútbol vestido por el equipo de refugiados FC Lampedusa | Fuente: lanueve
Brazalete arcoiris contra la homofobia en el fútbol vestido por el equipo de refugiados FC Lampedusa | Fuente: lanueve
LUCAS MÉNDEZ VEIGA

@LMendez8

Con motivo de la celebración del Día del Orgullo LGTB el próximo 28 de junio, queremos dedicar un reportaje a esta lacra que sigue demasiado presente en nuestro deporte y nuestro fútbol principalmente. La lucha contra la homofobia se vuelve día a día, temporada a temporada, más imprescindible. Un tema que sigue enquistado y del que urge concienciar a través del inmejorable escaparate que es el fútbol.

Un mundo televisado y encasillado

La labor que desempeña cada fin de semana un jugador de fútbol actual no dista mucho de la de un actor. Permitid que desarrolle el concepto. Hoy en día el fútbol se ha convertido en un espectáculo televisivo que disfrutar, como si de un arte más se tratase. Hablamos de que, para muchos, la forma de conectar con los protagonistas del espectáculo es la misma: a través de una pantalla.

Juan Mata portando el brazalete de capitán arcoiris en un ManUnited v West Ham. El asturiano es uno de esos que rompe con el cliché | Fuente: Reuters
Juan Mata portando el brazalete de capitán arcoiris en un ManUnited v West Ham. El asturiano es uno de esos que rompe con el cliché | Fuente: Reuters

Además, la gestualidad, el lenguaje corporal de los ‘actores’ del esférico ha comenzado a ser más importante. Hoy en día en toda la parafernalia que gira en torno al profesional dice mucho la forma de actuar, de moverse, de gesticular e interpretar decisiones. También de protestar, caer derrotado o celebrar goles y victorias.

El jugador, por lo tanto, salta cada semana al escenario con la intención de demostrar su marca personal, su sello de identidad, algo que lo distinga y reconozca en este feroz mundo deportivo.

Esto viene a explicar por qué los futbolistas cada vez entienden más importante el cuidado de su imagen personal, de esta marca y de lo que todo lo que engloba. La publicidad a la que prestan su potente imagen, sus redes sociales y, cómo no, sus comparecencias, sus entrevistas y declaraciones. Por eso digamos que lo lógico es que -casi- todos estén cortados por el mismo patrón en sus intervenciones públicas. Si ya están tan encorsetados, tan medidos al milímetro, ni qué decir tiene que no se mojen en temas tan controvertidos como el racismo, la xenofobia o la violencia de género.

Futbolistas contraculturales: George Best desmontando tópicos

Es en este punto donde destacan las historias que para muchos no deberían ser noticia porque debería ser algo normalizado. Pero siguen sin serlo. Futbolistas que rompieron con todos los moldes en diversos ámbitos, incluido el de expresar abiertamente su sexualidad en un mundo tan masculinizado como el fútbol. Y principalmente, hablaremos de casos de ‘otra época’.

George Best se convirtió en uno de esos potentes iconos que a través del fútbol desarrolló una increíble marca personal. El norirlandés se convirtió en la década de los 60, 70 y 80 en un rápido y fino extremo que pasaría a la historia como uno de los mejores peloteros de la historia. Sin embargo, su carrera siempre estuvo ligada a su estrambótica vida fuera de los terrenos de juego. Por internet circulan muchísimas de sus frases acerca de este alocado ritmo de vida, lejos de los clichés que manejan los jugadores actuales. Vidas de desayuno healthy, entrenos, siesta y tardes con la familia o viendo más fútbol no iban con el ‘Quinto Beatle’.

El cantante Elton John y George Best en su etapa en Los Ángeles | Fuente: Lynn Goldsmith - CORBIS
El cantante Elton John y George Best en su etapa en Los Ángeles | Fuente: Lynn Goldsmith – CORBIS

A decir verdad, la verdadera trayectoria y el legado del jugador trascendió mucho más una vez se fue. En vida, Best era considera por muchos un sobrevalorado narcisista, alcohólico y aburrido. Siempre fue considerado como un icono ‘diferente’ tanto por la sociedad inglesa, la prensa y las aficiones de la liga británica. Su vida desenfadada se convertía en motivo de burla por parte de las hinchadas, atacando y poniendo en duda sobre todo su sexualidad. 

Georgie Best super-star / Walks like a woman / And he wears a bra

El fútbol inglés ha tenido a lo largo de su historia una importante relación con la violencia. Y el debate de la sexualidad, la homofobia, en un fútbol -hasta hace bien poco- jugado más con cojones que con estilo, lo centraba todo. Ahí, figuras como Best, alejados de algún modo de los moldes preestablecidos, centraron las iras. Algo similar ha tenido que sufrir hoy en día Héctor Bellerín. El lateral catalán del Arsenal nunca ha escondido su pasión por el mundo de la moda. Ha tenido que soportar insultos desde la grada que le tildan de ‘lesbiana’ por llevar el pelo largo y vestir de la forma que a él le apetece. “Es imposible que hoy en día uno diga abiertamente que es gay en el mundo del fútbol. El problema es que las personas tienen una idea de cómo debería ser y aparentar ser un jugador, de cómo debe hablar y comportarse”, dijo Bellerín recientemente.

El diferente, entonces, será todo aquel que se salga del imaginario colectivo. Algo influenciado por las tradiciones culturales y religiosas de zonas como Reino Unido, aunque no sólo. Y como no hay nada más diferente que un gay en un mundo tan masculinizado como el fútbol, se convierte en el centro de atención.

Cuando la homofobia se vuelve explícita

Uno de los casos más sonados de homofobia fue el de Graemen Le Saux. El jugador de ascendencia francesa del Chelsea soportó toda clase de insultos y mofas. Incluso sus compañeros, que no soportaban su apellido francés o que leyese un periódico liberal como ‘The Guardian’, comenzaron a filtrar rumores de un encuentro con un compañero de equipo a raíz de una acampada.

Durante su carrera vivió episodios vejatorios como las burlas de Robbie Fowler, enseñándole el culo antes de un lanzamiento de córner en un Chelsea – Liverpool del 99. “También Elton John estaba casado”, le respondió el díscolo delantero red cuando Le Saux le espetó que estaba su mujer en la grada y que dejase de provocar. Este y muchos episodios más de este tipo se saben hoy en día gracias a la publicación de su propia bibliografía, años después de su retirada.

Matt Le Tissier sujeta en brazos a Le Saux durante un entreno con los Three Lions | Fuente: Who Ate all the Pies
Matt Le Tissier sujeta en brazos a Le Saux durante un entreno con los Three Lions | Fuente: Who Ate all the Pies

Intrínsecamente, el tema toca de lleno con la comunicación. Como, durante años, el futbolista ve paradigmático el hecho de mantener en silencio estas vejaciones, insultos, tratos discriminatorios que tocan de lleno el plano psicológico y por ende, el profesional y personal. Le Saux, años más tarde, se convirtió en miembro de honor de la ‘Inclusion Advisory Board‘ de la Football Association, una sección que busca la defensa de la libre sexualidad en el fútbol. “Me preguntaron muchas veces si era difamatorio llamarme homosexual, dado que no lo era. En el fútbol pienso que lo es, porque uno se debe defender. Admitir ser gay puede significar decir adiós a tu carrera”, declaraba años después.

El tema toca de lleno con la comunicación. Como, durante años, el futbolista ve paradigmático el hecho de mantener en silencio estas vejaciones, insultos, tratos discriminatorios que tocan de lleno el plano psicológico y, por ende, el profesional y personal

Ser gay y futbolista

A lo largo de la historia ha habido muchísimos jugadores que han sido acusados de ser gays, centrando las iras homófobas de aficionados. Casos como el de Guti o Míchel en nuestro país nos dan una idea de lo extendido que estuvo y está el insulto gratuito. Sin embargo, hay casos de jugadores que se declaran abiertamente gays. El centrocampista alemán Thomas Hitzlsperger declaró en 2014, ante la mirada de Gary Linecker y cuando solo había pasado un año de su retirada, que era homosexual.

El descubrimiento de la propia sexualidad del futbolista alemán, que hizo carrera entre su país, la Lazio e Inglaterra, fue un par de años después de dejarlo con su chica de toda la vida. Él mismo declaró que prefirió obviarlo y no contarlo a la prensa porque perjudicaría su carrera, sus contratos publicitarios y sus ganancias. El clima cultural también influyó en el caso de Douglas Braga. A priori el nombre no les dirá nada. El brasileño decidió dejar el fútbol con 21 años. “Era un decisión entre ser yo o ser futbolista. Es imposible ser ambas”. No era para él y prefirió vivir con tranquilidad y sinceridad su sexualidad sin el ambiente tóxico del fútbol y más en un país con el problema de homofobia que tiene Brasil.

Fashanu con la camiseta del Norwich City | Fuente: Compete Magazine
Fashanu con la camiseta del Norwich City | Fuente: Compete Magazine

Antes que ellos vinieron los primeros casos. El inglés de ascendencia nigeriana Justin Fashanu fue el pionero. El primero también en sufrir las iras homófobas. Su traspaso al Nottingham Forest se convirtió en el primero de un millón de libras esterlinas en el 81. En 1990 admitió abiertamente ser gay, siendo el primero de cierto renombre que daba este difícil paso en el fútbol. Comenzaron entonces lo problemas con Brian Clough, preparador del Forest. En el 98 fue acusado por la policía americana ante la denuncia de un chaval de 17 de agresión sexual. Fue puesto en libertad pero meses después se suicidó ahorcándose en el Shoreditch, en Londres. “Ya he sido condenado como culpable”, escribió en su nota de suicidio. Su increíble historia viene recogida en el documental ‘Forbidden Games’ de Netflix.

¿A dónde vas si quieres pan? – Clough

Al panadero, supongo – Fashanu

¿A dónde vas si quieres cordero? -Clough

Al carnicero -Fashanu

¿Entonces por qué sigues yendo a ese puto bar de maricones? – Clough

(Extracto de la biografía del entrenador del Forest)

Hasta 2008 Fashanu fue el único. Después, con mucho valor vinieron declaraciones como las del francés Olivier Rouyer quien admitió en 2008 que ser gay le costó el puesto de entrenador en el AS Nancy. También el sueco Anton Hysén en 2011 o el americano Robbie Rogers, que se declaró homosexual en 2013 y consiguió compatibilizar su labor como futbolista de Los Ángeles Galaxy hasta su retirada deportiva en 2017.

Un tema tan importante0 que cada vez coge más dimensión, fuerza y conciencia. Los pasos son claros en un deporte al que ya no se juega solo con cojones. Los próximos años se erigen como vitales para que el fútbol de élite decida con coraje su camino. Un camino sincero que permita a sus actores -los futbolistas, los entrenadores y todos aquellos que participan de este maravilloso espectáculo- ser abiertamente ellos. Ser personas de verdad, propias, libres.