George Eastham en su etapa como futbolista del Newcastle United | Fuente: Vintage Photo Online
George Eastham en su etapa como futbolista del Newcastle United | Fuente: Vintage Photo Online
DIEGO TOMÉ CAMOIRA

@FirstClassSDP

Que el fútbol inglés ha tenido desde siempre una idiosincrasia particular es una realidad comprobable. Desde antes de George Eastham hasta el actual Transfer Request. La FA Cup fue el germen de lo que ahora conocemos como fútbol, un deporte que, si bien no ha sufrido enormes variaciones desde que fuera regulado hace prácticamente 150 años en la Freemason’s Tavern, sí que ha sufrido cambios de gran magnitud en lo que a relaciones contractuales entre futbolistas y clubes se refiere.

Lo que rápidamente creció como un fenómeno obrero de masas como pocos más ha habido en la historia, no nació así, sino que hasta 1888 tan sólo se consideraba un divertimento arraigado en las escuelas privadas del país. La FA (Football Association), órgano regulador del fútbol inglés que ha llegado hasta nuestros días, fue muy reticente a que el balompié cruzase la barrera del amateurismo y se profesionalizara. En realidad, la Federación Inglesa ha sido, a lo largo de la historia, un organismo poco proclive a los cambios que sufría este deporte, pero esa es otra historia.

George Eastham y el fútbol proletario

Proclaman los sabios del lugar que siempre hay alguien que ha hecho lo mismo antes que tú. Y, en parte, es cierto que toda (r)evolución ha tenido anteriormente un precursor. Quizá hubiera un George Eastham antes de George Eastham, pero quizá estos pioneros no diesen patadas a un balón y sí picasen carbón en las minas de Birmingham.

Lo que está claro es que -pese a la ya avanzada profesionalización-, para bien o para mal, George Eastham –Sir Eastham por la Excelentísima Orden del Imperio Británico desde 1973- cambió la historia del fútbol inglés, y no sólo por sus logros como jugador y entrenador, dónde fraguó, desde la sombra, un palmarés como pocos en el fútbol de las islas.

En enero de 1961, el fútbol inglés dio un completo vuelco. George Eastham llevó a su club, el Newcastle United ante la justicia después de que el conjunto de las urracas hubiera impedido el traspaso de su delantero estrella al Arsenal. ¿Esto era posible porque el jugador había firmado una cláusula de rescisión en su contrato? Ni mucho menos; era el resultado de la ley conocida como retain and transfer, retención y traspaso para los hispanoparlantes. Este acuerdo vinculaba al club con los jugadores de tal forma que, si el futbolista recibía cualquier tipo de oferta de otro club y el conjunto al que estaba unido contractualmente le negaba su salida, no sólo no tendría la posibilidad de salir de la escuadra, sino que esta tenía la capacidad de rebajar el salario al mínimo profesional que establecía la FA por aquel entonces. Allá por 1960 unas ocho libras semanales, un sueldo equiparable al percibido por los trabajadores no cualificados de la industria.

Aunque no disputase un solo minuto, George Eastham formó parte de la selección inglesa campeona del mundo en 1966 | Fuente: Domina Tu Juego
Aunque no disputase un solo minuto, George Eastham formó parte de la selección inglesa campeona del mundo en 1966 | Fuente: Domina Tu Juego

El nacimiento de los agentes libres

Para poner en correcta perspectiva la situación de los futbolistas por aquel entonces echaremos un vistazo a lo que se nos cuenta largo y tendido en ‘Hombre de Fútbol’, la obra del periodista británico Arthur Hopcraft, publicada originalmente en el año 1968, y traducida al castellano esta misma primavera por la Editorial Córner.

Los pagos más inmediatos como incentivos semanales se limitaban a cuatro libras por la victoria en un partido de la Liga y a dos por el empate, cantidades que en la FA Cup iban desde cuatro libras por la victoria en la primera ronda hasta veinticinco libras por ganar la final (…) Se permitía a los clubes distribuir cien mil libras entre el equipo si ganaba la Copa, y ochocientos en caso de perder la final. Un equipo podía recibir una gratificación de cincuenta libras por jugador si se llevaba la Copa de Europa (…) Incluso en la improbable situación de estar en el equipo que hubiera ganado la Liga, la Copa de la FA y que fuera finalista de la Copa de Europa, su salario del club no superaría legalmente las mil quinientas libras anuales (…) Simple y llanamente no bastaba. La consecuencia fue que durante años estuvieron haciéndose pagos bajo mano”

De esta manera contextualizaba Hopcraft la situación que vivían los futbolistas de la máxima categoría del fútbol inglés a comienzos de la década de los 60, un siglo después de que el balompié naciese tal y como hoy lo conocemos.

Si eso era el mejor de los casos, las ocho libras semanales, sin jugar un solo encuentro a lo largo de una temporada que vivió el bueno de George, lo llevaron a una situación insostenible. Tras llevar el caso ante el Comité de Gestión de la Liga, y después de que este fuese desestimado, Eastham acudió ante la justicia con el apoyo de la PFA (Asociación de Futbolistas Profesionales), describiendo el sistema de retención y traspaso como un “trueque de ganado”. La sentencia dictada el 4 de julio dio la razón al futbolista, lo que sentó jurisprudencia y llevó a la abolición tanto del sistema de retención y traspaso, como del tope salarial impuesto por la FA a los clubes.

La ¿capacidad? de decir adiós

Medio siglo después de Eastham llegaron los Xabi Alonso, Gareth Bale, Carlos Tévez o Philippe Coutinho. Si bien esta vez las peticiones de estos profesionales del balompié no era una subida de salario o acceder a unas mejoras contractuales per se, sí estaban fijadas en poder romper el contrato que los vinculaba a su club con vistas a llegar a un nuevo destino. Lo que también conocemos como Transfer Request.

Decíamos que Inglaterra siempre ha tenido una serie de particularidades que han hecho de su fútbol algo peculiar. Los biorritmos balompédicos en las islas van a lo suyo, sabedores de que ellos inventaron esto de dar patadas al esférico. De esta forma se explica su renuncia a participar en las primeras Copas de Europa o que, a diferencia de la mayoría de ligas europeas, la figura jurídica que proteja a los futbolistas sea el Transfer Request y no la cláusula de rescisión.

A priori parece una ventaja para el futbolista en comparación con la cláusula de rescisión, la cual estipula un precio que el conjunto que quiera hacerse con los servicios de un futbolista, en caso de no existir negociación previa entre las entidades, deberá abonar. No obstante, esta petición no incluye expresamente que el traspaso deba ser formalizado, pero sí conlleva una declaración pública de que el jugador en cuestión no está satisfecho con su situación actual, lo que hace que el club, en caso de cerrar la puerta a la salida de un jugador, sea señalado públicamente, quedando en una situación difícil de gestionar ante los medios de comunicación.

¿Les suenan de algo estos actos de rebeldía? Quizá sea una osadía comparar estas peticiones con las de los futbolistas de la época de Eastham, y más que osadía, sería una auténtica irresponsabilidad meter en el mismo saco a un futbolista y a un trabajador no cualificado de la actual era postindustrial, pero lo que queda claro es que, a sus 82 años, Eastham esboza una sonrisa cada vez que las tornas se revierten en este deporte al tiempo que su figura es -y será- recordada como la precursora en la lucha por los derechos contractuales de los futbolistas.