Hristo Stoichkov con la camiseta de la selección búlgara durante el Mundial de 1994 | Fuente: Negratinta
Hristo Stoichkov con la camiseta de la selección búlgara durante el Mundial de 1994 | Fuente: Negratinta
CARLOS RODRÍGUEZ

@Carlosrlop

Conseguir que se hable de ti incluso cuando has abandonado aquella actividad que te ha hecho ser popular, es un arma de doble filo. Se convierte en un lastre para aquellos que no lo pueden evitar, y constata un enorme triunfo para quienes lo ansían. Hristo Stoichkov forma parte del segundo grupo. Sus goles y, sobre todo, el comportamiento irreverente que lo ha acompañado a lo largo de toda su vida, han convertido al futbolista búlgaro en un gran personaje. Hristo es el típico listillo al que amas u odias, carente de cualquier tipo de término medio. Toda una leyenda del fútbol que no pasa desapercibida para nadie, ni siquiera para los entrenadores de osos.

“Cuando nuestro gran futbolista Hristo Stoichkov empezó a jugar en el Barcelona, yo le decía a Vela: <<Ven, enséñanos como simula Stoichkov que le han hecho una falta>>. Entonces Vela se tiraba al suelo, se cogía de la pata y se ponía a gemir como una descosida.” Así recuerda Grigori Mirchev Marinov en el libro ‘Los osos que bailan, historias de gente que añora vivir bajo la tiranía’ (Witold Szablowski, Capitán Swing), una de las performances más habituales de su osa Vela.
Grigori Mírchev y la osa Vela, imitadora de Stoichkov | Fuente: extraída de 'Los Osos que bailan. Historias reales de gente que añora vivir bajo la tiranía' (Witold Szablowski, Capitan Swing)
Grigori Mírchev y la osa Vela, imitadora de Stoichkov | Fuente: extraída de ‘Los Osos que bailan. Historias reales de gente que añora vivir bajo la tiranía’ (Witold Szablowski, Capitan Swing)

Grigori, paisano de Hristo, se ganaba la vida en la década de los 90 girando por los pueblos de Bulgaria, mostrando a sus vecinos las habilidades de su peluda acompañante de aventuras. Además de la imitación de Stoichkov, Vela también sabía emular a otros grandes deportistas del momento, como la gimnasta María Gigova o el levantador de pesas Yanko Rúsev. Por desgracia para Hristo, los aspectos que se imitaban de estos dos atletas eran bastante más laudables que las simulaciones del falta del delantero de  Plovdiv: cuando tocaba ponerse en el papel de Gigova, Vela daba saltos, movía las patas y terminaba con una reverencia al público. Con Rúsev, se limitaba a resoplar sonoramente mientras imitaba la pose habitual de los halterófilos en los instantes previos al levantamiento.

Un oso como medio de trabajo

El adiestramiento de osos fue una actividad muy extendida entre los gitanos búlgaros durante cientos de años. Acompañados por un violín como único instrumento de trabajo, los dueños de estos animales los llevaban por todo el país, haciéndolos bailar sobre sus patas traseras. Poco a poco, el arte del entrenamiento de osos se fue perfeccionando hasta llegar a las previamente citadas imitaciones,  a las que tampoco escapaban los protagonistas políticos.

Esta actividad vivió un repunte en los años inmediatamente posteriores al final del comunismo, cuando muchos ciudadanos búlgaros se vieron abocados a esta salida tras perder sus puestos de trabajo. Entre ellos estaba Mírchev, que decidió hacerse con Vela en esta época, coincidiendo con el inicio de la aventura de Stoichkov en Barcelona. Este oficio vivió su ocaso con la llegada del nuevo siglo, cuando se obligó a los propietarios a liberar a sus osos en refugios, pero perdurará por siempre en el recuerdo de los búlgaros, de la misma manera que el legado de Hristo.

**Toda la información respecto a Grigori Mírchev y la osa Vela citada en este artículo ha sido extraída del libro citado en la primera parte del texto ‘Los osos que bailan, historias de gente que añora vivir bajo la tiranía‘ (Witold Szablowski, Capitán Swing).