Se presenta una Liga Iberdrola más mediática que ninguna, pero sin profesionalización | Diario AS
Se presenta una Liga Iberdrola más mediática que ninguna, pero sin profesionalización | Diario AS
DIEGO TOMÉ CAMOIRA

@FirstClassSDP

Récord de asistencia a nivel mundial en el Metropolitano, un Campeonato del Mundo que ha batido todos los récords históricos al otro lado de nuestras fronteras y una profesionalización del fútbol femenino que, al menos en España, parece aún lejana. Son las kellys del balompié.

Nombres como Alex Morgan, Megan Rapinoe, Ada Hegerberg o Jennifer Hermoso parecen estar en boca de todos, incluso hay quien puede recitar de carrerilla el once inicial de clubes como el FC Barcelona o el Atlético de Madrid.

Hablábamos allá por el mes de febrero, antes de que se produjese la pugna entre San Mamés y el Metropolitano por ver quién era capaz de meter a más espectadores en su estadio, de que la mesa negociadora, tarde o temprano, tendría que llegar a un punto de acuerdo a la hora de crear un convenio colectivo que protegiese a las jugadoras que forman parte de las plantillas de la Liga Iberdrola.

“No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie”.

Esta popular frase de Eduardo Galeano, que aparece en su famosa obra sobre el lado más filosófico del balompié, ‘El fútbol a sol y sombra’, ha servido en los últimos años como un mantra para aquellos aficionados que se han opuesto frontalmente al modelo de negocio imperante en la actualidad.

Oponerse a jeques y magnates de cualquier pelaje a través de este lema es posible en un fútbol masculino donde el aficionado ha pasado de ser precisamente eso, un aficionado, a un cliente que compra un producto llamado fútbol en vivo. Un fútbol en vivo, y unas gradas sin nadie, que no afectan sobre medida a un modelo cuyo pilar fundamental se encuentra en los derechos televisivos y no en los abonos que, anualmente, salen a la venta para ver ese -ya extraño- fenómeno llamado fútbol en directo.

En el caso que nos atañe -por favor, cuando hablamos de fútbol masculino hablamos simplemente de fútbol, intentemos hacer lo propio en la medida de lo posible- en cambio, un estadio lleno puede significar precisamente lo contrario, convirtiéndose en una dinámica peligrosa que reforzaría el apoyo de determinados presidentesseñorospara que todo siga igual.

¿Un Mundial de récord?

En lo que respecta al seguimiento del campeonato del mundo en nuestro país, hablamos de cifras récord en lo relativo a las audiencias. El encuentro que enfrentó a las selecciones de España y Estados Unidos en octavos de final, y que acabó con la derrota de la selección española frente a la que, a la postre, acabaría alzando el cetro mundial, fue seguido a través de GOL por cerca de 1.500.000 espectadores, lo que supuso el récord de la temporada para la cadena.

Poniendo un poco más en perspectiva, y fuera de nuestras fronteras lo que supuso el Mundial 2019 a nivel televisivo, nos encontramos con que en Inglaterra 11,7 millones de espectadores estuvieron pendientes de la semifinal entre Inglaterra y Estados Unidos, un número de televidentes notablemente superior -500.000 espectadores más- al de la final de la Champions League entre dos clubes británicos como Liverpool y Tottenham Hotspur.

La camiseta de la selección femenina de Estados Unidos fue, a su vez, el artículo futbolístico más comprado de los producidos por Nike, por encima de equipaciones como las del FC Barcelona o la selección brasileña.

Curiosamente fue la selección estadounidense quien puso el acento rebelde al campeonato al grito de Equal Pay (igualdad salarial), para reclamar que las futbolistas de la selección estadounidense percibiesen el mismo salario que sus homólogos masculinos.

Las futbolistas estadounidenses. tras lograr el triunfo en el Mundial de Francia, reivindicaron la igualdad salarial para el deporte americano | Fuente: Voice Of America
Las futbolistas estadounidenses. tras lograr el triunfo en el Mundial de Francia, reivindicaron la igualdad salarial para el deporte americano | Fuente: Voice Of America

Un grito que, sin duda, contrasta con las reivindicaciones tan diferentes que se producen dentro de nuestros límites territoriales. Mientras estrellas mundiales de la talla de Ada Hegerberg o Megan Rapinoe se convierten en símbolos de la lucha por la igualdad salarial entre mujeres y hombres, en España no cabe siquiera la posibilidad de que las futbolistas tengan un convenio laboral que las proteja ya no sólo a nivel salarial, sino en el apartado de lesiones por poner un ejemplo.

Algo así como si Lionel Messi quedase completamente desprotegido al sufrir un esguince. O, más adecuado aún, como si un obrero de la construcción quedase desamparado al sufrir un accidente laboral. 

Las kellys del esférico

Como decimos, entre la opinión pública está cambiando la concepción sobre el fútbol femenino en nuestro país, y si bien existe un cierto consenso y mayor visibilidad en los medios de comunicación, en lo relativo a las condiciones laborales todo sigue igual.

Las futbolistas en España son las kellys del balón. Cada vez más visibles, cada vez, al igual que las empleadas de hogar, con más apariciones en los medios, pero cada vez, desvirtuándose más y más el mensaje cuando cuestiones como la profesionalización no se ponen encima de la mesa.

Quedan muchos pasos para conseguir la igualdad real en el ámbito del fútbol”, declara María José López, codirectora de la asesoría jurídica de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), en una entrevista para el medio online cuartopoder.es.

A la idea inicial de López, quien es una de las mayores promotoras de un convenio laboral colectivo que proteja a las jugadoras y las convierta en profesionales del fútbol, añadimos que, siendo cautelosos, no se puede pensar en una igualdad real cuando no existe ley alguna que proteja a las jugadoras. De cara a la galería están muy bien los mensajes de Rapinoe o Hegerberg, pero resulta peligroso hablar de igualdad, bien sea de oportunidades o visibilidad, cuando, aunque esta se llegue a producir, puede resultar superficial si no se acomete una profunda reestructuración en la concepción del fútbol femenino no como un espectáculo de masas, sino, en primer término, como una profesión.