Zinedine Zidane, técnico calvos del Real Madrid | Fuente: Mundo Deportivo
Zinedine Zidane, técnico del Real Madrid | Fuente: Mundo Deportivo
ALEJANDRO VÁZQUEZ CORRAL

@Kovaz5

Puede que esté mal hecho lo de juzgar un libro por su portada, pero es que resulta totalmente inevitable. Funciona bastante bien como metáfora para la vida. Por mucho que se insista en lo de que ‘lo importante está en el interior’, todo es más complicado si lo exterior no te atrae de primeras.

Una historia más que conocida es la de ese amigo que te dice que tienes que ver una serie, que es buenísima. Le haces caso, vas por el tercer capítulo -muy a tu pesar- y la serie te sigue pareciendo igual de infumable que una caja de cartón. “Mejora en la segunda temporada, ya verás”, te dice tu amigo.

Y sí, normalmente ese amigo tiene razón, pero son muy pocos los que se quedan para ver como la actuación de Nicolas Cage se convierte en algo aceptable. El problema es que tienes que perder unas cuantas horas de tu vida para llegar hasta ahí. ¿Merece la pena?

Mucho que aprender de los calvos

Entre las grandes lecciones con las que predican en las facultades de comunicación, una de las principales es que siempre hay que intentar atrapar el interés del público en el inicio del trabajo. Por desgracia, esto ha llevado al periodismo a una situación complicada, en la que es tal la ambición por atraer lectores que las cabeceras se inundan de titulares que poco tienen que ver con la realidad. Algo parecido sucede con los equipos de fútbol.

Septiembre tiene una singularidad que lo convierte en el mes del golpe de realidad. Se habla mucho de la cuesta de enero, pero septiembre no se queda atrás. Es el contraste con el verano, la relajación y las esperanzas de tener un feliz año nuevo.

En septiembre, pasadas las primeras jornadas posvacacionales, los equipos tienen que dar el callo. No tardan en rodar cabezas si los resultados no son los esperados. David Gallego, Juan Antonio Anquela o Sergio Egea, además de Marcelino, por ejemplo, ya no forman parte de los clubes en los que iniciaron la temporada hace mes y medio.

Con la entrada del otoño, el panorama futbolístico en España quedó un tanto revuelto. En primer lugar, la aplicación del videoarbitraje no está resultando del agrado de todos los equipos. El Leganés, que cierra la clasificación en Primera y no conoce todavía la victoria en liga, ha sido uno de los conjuntos que ha criticado con rotundidad los graves errores del uso arbitral del VAR. Hay otros equipos que también han expresado su pesar por la mala aplicación de la tecnología al fútbol, aunque solo cuando son ellos los perjudicados.

Cuestión de interés

Eso no cambia, cada uno barre para su casa. Se echa mucho de menos otra época en el fútbol, que no está tan lejana como parece. En otro septiembre, pero en el 2011, el Sporting de Manolo Preciado se marchaba del Vicente Calderón con un 4-0 y un inicio de liga desastroso. Preciado, visiblemente disgustado con los suyos, salió a rueda de prensa y se tildó como “máximo responsable de esta mierda que hemos visto”.  Ocho años después, por desgracia, ya no están entre nosotros ni Preciado ni el Calderón, ni tampoco una mínima parte de autocrítica humilde desde los banquillos.

El actual líder de Primera es colista en su grupo de Champions luego de dos jornadas. El discurso del “estamos bien” de Zinedine Zidane, más que conocido por la afición madridista, hace tiempo que no convence. Tampoco lo hace el de Ernesto Valverde en el seno del máximo rival, al que sobrevivir sin Messi casi le cuesta el puesto.

Todos tienen problemas. El Atlético de Madrid necesita más goles; el Valencia, estabilidad; equipos como el Betis o el Celta, encadenar buenos resultados; el resto, seguir sumando. Ante tanto calvario, se debe procurar hacer caso al refranero español. “Calvo vendrá y calvo me hará”, reza el dicho, aunque también es cierto que lo mejor es no tener pelos en la lengua. Va a llegar una época -si no ha llegado ya- en la que el público ya no se fíe ni de los titulares ni de las portadas.

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