Grada del modesto Estadio Armenia, donde juega el CD Armenio | Fuente: CD Armenio
Grada del modesto Estadio Armenia, donde juega el CD Armenio | Fuente: CD Armenio
LUCAS MÉNDEZ VEIGA

@LMendez8

Trece mil kilómetros separan Ereván, capital de Armenia en las montañas de Ararat, y el barrio de Palermo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Y allí nos encontramos una de las mayores comunidades de armenios en todo el mundo. El país, antigua república soviética, vive todavía sumido en las consecuencias políticas del conflicto Nagorno-Karabaj, provincia de mayoría armenia en disputa con Azerbaiyán. Su fútbol ha sido reflejo de los sentires de la sociedad y en la gran capital argentina nos encontramos un ejemplo de orgullo para los habitantes del país caucásico.

Armenia y Azerbaiyán

Se calcula que fueron más de 30.000 las muertes en el conflicto del Alto Karabaj. La región montañosa, ubicada hoy dentro de Azerbaiyán y tras la caída de la Unión Soviética, ha estado en continua y sangrienta disputa en una de las mayores guerras de la región del Cáucaso. Con solo 46 años, Allajverdi Bagirov murió en dicho conflicto. Era el entrenador del Karabag pero hoy es recordado como héroe de guerra en Azerbaiyán. En el momento de su fallecimiento, el club jugaba en el Estadio Imarat en Agdam, uno de los focos principales y más asediados del conflicto. Con la ofensiva militar en curso, la ciudad fue evacuada y el Qarabag Futbol Kluvu tuvo que reubicarse en Bakú, la capital. Obtuvieron el apodo de ‘Qaçqın Klub‘, que significa ‘Club de Refugiados’ en azerí. Agdam fue finalmente destruida por ataques armenios y desde entonces a la ciudad fantasma se la conoce como la ‘Hiroshima del Cáucaso’, debido a la desertización que atrás dejó una próspera población de más de 60.000 habitantes.

Las asperezas entre armenios y azerís se han visto agravadas a lo largo de los años por discrepancias geopolíticas que también han afectado a su fútbol. El club de Bakú obtiene hoy un fuerte respaldo financiero del conglomerado empresarial Intersun, con apoyo también del estado azerbaiyano. La suerte del club, bastante celebrada en el país, se ha incrementado alegando que es algo de interés nacional. El fútbol se ha convertido en centro de atención gracias a las conquistas, primero en su liga doméstica, y después en varias clasificaciones para la máxima competición de clubes, la Champions League. Se han enfrentado a clubes de postín europeo como el Atlético de Madrid, el Chelsea, el Inter, el Sevilla, el Arsenal o la Roma, además de integrar varias fases finales de la Europa League. Mismamente dos equipos ingleses de esta lista, gunners y blues, disputaron la final de la pasada campaña de este torneo que tuvo lugar en el Estadio Olímpico de Bakú.

El estadio del Qarabag en Bakú, acogiendo un partido de Champions. El tifo en homenaje a Turquía, país hermanado con Azerbaiyán, significa una afrenta contra el pueblo armenio, que fue masacrado por los turcos en 1915 | Fuente: A la contra
El estadio del Qarabag en Bakú, acogiendo un partido de Champions. El tifo en homenaje a Turquía, país hermanado con Azerbaiyán, significa una afrenta contra el pueblo armenio, que fue masacrado por los turcos en 1915 | Fuente: A la contra

Dicho partido fue muy politizado y criticado por la opinión pública. Primero se destacó el gran desplazamiento que tendrían que realizar aficionados de Arsenal y Chelsea que, en un derby londinense en una final europea, quisiesen acudir hasta la capital de Azerbaiyán. El segundo problema llegó cuando, aún con las restricciones obvias por el coste y la distancia del desplazamiento, ambas aficiones se encontraron con que el aeropuerto de la ciudad no tenía infraestructuras suficientes para acoger tal número de pasajeros en pocos días. Al final, la gota que colmó el vaso de las críticas fue que el Arsenal y Unai Emery optasen por dejar en la capital británica a Henrikh Mkhitaryan -hoy en la Roma- con el beneplácito del jugador. Siendo capital de la selección armenia, no era bien recibido en Azerbaiyán. De nuevo, viejas rencillas políticas sin resolver. Las décadas pasan pero las heridas culturales abiertas que quedan de la disolución de la URSS permanecen en ambos territorios.

Palermo, la pequeña Armenia

La campaña 88/89 fue histórica en Argentina. El sistema de puntuación de la Superliga cambió pasando a establecerse las victorias con un botín de tres puntos, las derrotas con cero y los empates con 1 para cada equipo y una tanda de penaltis que regalaría un punto adicional para el que ganase la ronda de penales. El histórico club de la Boca iniciaba aquella campaña contra un club algo peliculiar. En septiembre del 88, Hugo Orlando ‘El Loco’ Gatti encajó un gol que a la postre supondría horas y horas de críticas en prensa y una campaña que marcaría el fin de su carrera. Aquel gol lo recibió del delantero del Club Deportivo Armenio.

La afición del Armenio porta con orgullo sus símbolos | Fuente: eldiadeescobar.com.ar
La afición del Armenio porta con orgullo sus símbolos | Fuente: eldiadeescobar.com.ar

Se calcula que cerca de 100.000 personas de origen armenio habitan en el país sudamericano. Constituyen, de este modo, una de las grandes comunidades de emigrados del país caucásico fuera de sus fronteras. Allí se ha dado, desde hace años, un clima de intercambio cultural acrecentado por las múltiples instituciones armenias localizadas en zonas como la gran capital argentina. Buenos Aires cuenta con hasta siete colegios armenios en los que hijos de emigrantes reciben educación en su lengua, con lo que las raíces no se llegan a perder. Ha pasado más de una década desde que los primeros llegaron a Río de la Plata pero la comunidad armenia mantiene sus vínculos más fuertes que nunca. Hoy, su club constituye una fuente de orgullo inquebrantable. Nacido en 1962, este humilde conjunto de barrio acostumbró a vagar por las ligas menores de Buenos Aires pero, en los 80, protagonizó un ascenso meteórico cuando apenas tenían un cuarto de siglo.

Esos éxitos contribuyeron al arraigo de toda una afición que buscaba vínculos con el país de sus ancestros. Con una gran inversión económica, el Armenio subió en tres temporadas consecutivas de la Metropolitana C a la Primera División. La última de aquellas campañas, aún en la B,  dejó una especial racha de 34 encuentros invicto y victorias importantes ante clubes como Huracán o Lanús. Después, en la élite, llegarían triunfos ante los todopoderosos River y Boca, como este que nombramos que ‘acabó’ con el status de titular del Loco Gatti. El papel dominante que ganaron los armenios hizo que en Argentina se les apodase comúnmente como ‘turcos’, posiblemente ante el desconocimiento geográfico y la cercanía del país otomano, también en rasgos físicos, con muchos armenios. El apodo venía significando una ofensa que más tarde se entendería.

En 1915 tuvo lugar un gran genocidio de armenios a manos del ejército otomano. Fueron responsables de la muerte de más de un millón de armenios en una masacre considerado el primer genocidio de la historia moderna. En 2015 y coincidiendo con el centenario de este triste acontecimiento, en el CD Armenio decidieron cargar de simbología su camiseta y sus gradas en homenaje a los fallecidos. Los colores de la bandera nacional, además de una flor conmemorativa y un escudo en el que se ve reflejado el Monte Ararat, aquel que abraza la capital Ereván y donde, según cuenta la leyenda, embarrancó el Arca de Noé. Han vuelto a la división Primera B Metropolitana pero, en la localidad de Maschwitz, provincia de Buenos Aires, donde juegan sus partidos como local, la comunidad de Armenia sigue muy presente.