El Estudiantes de Zubeldía | Fuente: pasionfutbol
El Estudiantes de Zubeldía | Fuente: pasionfutbol
CARLOS RODRÍGUEZ

@Carlosrlop

Hubo una vez en el fútbol un hombre capaz no solo de no rehusar la trampa, sino de fomentarla. Su nombre era Osvaldo Zubeldía y su profesión, primero futbolista y después entrenador. Como director técnico convirtió a Estudiantes de la Plata en campeón -tres años consecutivos- de la Copa Libertadores. El equipo ‘Pincha rata’, se erigió en rey del fútbol sudamericano bajo su mando, pero la historia no recuerda a aquel combinado por su gloria, sino por la manera de alcanzarla. Un juego lleno de violencia, bautizado como antifútbol, que cabía bajo el paraguas de la frase más mítica del propio Zubeldía: “A la gloria no se llega por un camino de rosas”.

Aquella frase fue escrita en 1968, durante el partido de vuelta de la Copa Intercontinental (por entonces solo se disputaba la final), en la pizarra del vestuario de Old Trafford. La declaración resumía a la perfección la idiosincrasia de aquel equipo, que esa noche se haría con su único trofeo intercontinental cosechando un empate (1-1) que hacía buena la victoria (1-0) de la ida delante de los Red Devils. El United contaba con tres de los mejores futbolistas de la época (Bobby Charlton, George Best y Dennis Law), por lo que sobre el papel, todo el mundo los había dado como favoritos. Puede que antes de disputarse aquella final más de un inglés no hubiese oído hablar de las argucias del equipo de Zubeldía: aprovechar los saques de esquina para lanzar arena a los ojos del guardameta rival, hacer todo tipo de entradas salvajes, pinchar con alfileres a los contrincantes durante el partido… Un equipo repleto de ‘joyitas’, de entre las que destacaban Aguirre Suárez o Bilardo, probablemente el jugador más tramposo de todos los tiempos.

Había un portero de Racing que tenía una relación muy cercana con su madre. Ella no quería que él se casara, pero al final lo hizo, y seis meses después su madre murió. Bilardo se le acercó y le dijo: ‘Felicitaciones, por fin mataste a tu mamá’.

Los ideales “ideales”

Besar la gloria a nivel mundial no hizo a Zubeldía relajar sus planteamientos. Estudiantes continuó siendo fiel a una forma de juego que, según la revista El Gráfico, era “más sólida que linda”. En la pizarra de Zubeldía, la presión asfixiante al contrario, el dominio del balón parado y de la salida de los defensores para dejar al rival en fuera de juego, eran el pan nuestro de cada día. Estas inamovibles ideas compartían protagonismo con las trampas, que no siempre se traducían en violencia física, pues el factor psicológico también jugaba un papel importante. Jonathan Wilson recoge en su libro ‘Ángeles con caras sucias’, las siguientes declaraciones del historiador Juan Presta: “Había un portero de Racing que tenía una relación muy cercana con su madre. Ella no quería que él se casara, pero al final lo hizo, y seis meses después su madre murió. Bilardo se le acercó y le dijo: “Felicitaciones, por fin mataste a tu mamá””. Los triunfos no habían suavizado el carácter de los argentinos, de hecho, el episodio más oscuro estaba por llegar.

Los jugadores de Estudiantes besan la Copa Intercontinental | Fuente: conmebol
Los jugadores de Estudiantes besan la Copa Intercontinental | Fuente: conmebol

50 años del partido más violento

El 22 de octubre de 1969 se celebró uno de los partidos más violentos de la historia, sobre todo si tenemos en cuenta sus consecuencias. Una vez más en la Copa Intercontinental y, de nuevo, ante un gigante europeo, el Milan. El 3-0 en territorio italiano hacía casi imposible revalidar el título, pero los pincha-ratas lo intentarían. Aquel partido de hace 50 años en La Bombonera arrancó antes de que el árbitro señalara el comienzo.

Al saltar a calentar, los italianos fueron recibidos con el lanzamiento de objetos y café hirviendo desde la grada. Con el pitido inicial comenzaron las hostilidades, entre las que hubo lugar para toda clase de violencia y artimañas, insuficientes para derrotar al cuadro rossonero, que con otra victoria se hizo con el título.

De entre todas las atrocidades que se cometieron en aquel encuentro, tres futbolistas acabarían por arrepentirse especialmente de las de su autoría.  Poletti, el portero, se encaró con los milanistas mientras estos celebraban el primer gol e intentó dar un balonazo a Pratti, que acabaría abandonando el partido en camilla. Aguirre Suárez enseñó su tarjeta de bienvenida a Rognoni con un plantillazo a la altura del cuadríceps y cerró su hoja de servicios agrediendo a Néstor Combín.

El codazo al delantero milanista le costó la expulsión y propició una de las fotografías más explícitas de la historia del deporte. Camino similar siguió Eduardo Luján Manera, que vio la roja tras agredir al mejor jugador milanista, Rivera.

El aspecto de Combín tras ser agredido por Aguirre Suárez | Fuente: Be Soccer
El aspecto de Combín tras ser agredido por Aguirre Suárez | Fuente: Be Soccer

De la cancha a la cárcel

Aquella noche, el Milan abandonó La Bombonera con un título, y Estudiantes sin estos tres violentos futbolistas. El dictador Juan Carlos Onganía ordenó el ingreso inmediato en prisión de Suárez, Poletti y Manera, cuyo comportamiento, en palabras del mandatario, había “comprometido y manchado la reputación internacional de Argentina y ha provocado la repugnancia de una nación”. Zubeldía no recibió castigo alguno por haber incitado a sus futbolistas a practicar un juego tan agresivo, mientras que los tres prisioneros pasarían un mes en prisión. Además, Poletti fue suspendido de por vida y Suárez inhabilitado durante 5 años para jugar partidos internacionales. Con suerte para ambos, el derrocamiento de Onganía propició sus exoneraciones.

Zubeldía tenía razón, a la gloria no se llegaba por un camino de rosas… al menos, sin espinas.

Bonus Track:

¿Y Bilardo, qué? El jugador más tramposo de la historia no fue protagonista principal en uno de los partidos más violentos de todos los tiempos. Lo cierto es que él, cuando quería, sabía ser más discreto. Suyo es el honor de haber iniciado la trampa del pinchazo con aguja al rival, pillería dificilmente detectable por un árbitro.

Pese al innumerable número de veces que ha sido contada, tanto Bilardo como el resto de sus compañeros han calificado siempre de leyenda a esta historia. Siempre costó creer a los tramposos, pero desde que en 2011 protagonizase los anuncios que se muestran a continuación… parece imposible fiarse del bonaerense.  Juzguen ustedes.