Final feliz con Baby Yoda
ALEJANDRO VÁZQUEZ CORRAL

@Kovaz5

Ah, la inocencia de cuando se es niño. Esa maravillosa etapa de la vida en la que nadie te mira mal por desayunar gusanitos y no se conciben todavía las ironías ni los dobles sentidos. La calma antes de la tormenta.

En cierta medida, explicarle algo a un niño es parecido a intentar traducir frases con Google.  Hay que expresarse de manera clara y concisa si no quieres acabar con un “cooked lions” como “cocido leonés” en el menú del día.

Como le dijo el tío Ben a Peter Parker, “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”; como me decía mi familia de niño, “non hai cristo quen te aghuante”. Al contrario de la mayoría del mundo a esa edad en la que imperan la curiosidad y el afán por saber, yo optaba por no martirizar a mis padres con preguntas -o eso recuerdo-. Era más de inventarme totalmente las cosas.

Así, llegué a la preadolescencia creyendo que las escaleras mecánicas funcionaban gracias a hombres diminutos que habitaban debajo de nosotros, que los aviones tenían tubos de escape gigantescos y que Huntelaar había sido un crack en el Madrid.

Los finales felices están muy baratos

Entre otras muchas aficiones, por aquel entonces me gustaba leer el periódico en los bares. Mi parte favorita era la dedicada a los anuncios por palabras. Me alucinaba saber qué precio tenían las cosas, y eso que todavía medía el valor en unidades de gominola. Ford Focus seminuevo full equip, 11.000 euros. Se busca camarero/a, salario de 900 euros al mes. Yolanda, cariñosa, final feliz, 50 euros. ¿¡50 euros por un final feliz¡?

Aún a día de hoy no tengo muy claro qué conlleva ese final feliz de los anuncios del periódico. Con mi pureza mental, consideraba desproporcionado lo que se cobraba por un desenlace alegre en el mundo adulto. ¡Nada más y nada menos que 50 bolsas de golosinas!

La inocencia hoy en día parece que está amenazada por lo de siempre: la tecnología. Una compañera del gremio estuvo el otro día en un colegio de Primaria. Allí entabló conversación con la directora del centro, que le explicó las dificultades que se encuentran los docentes para alejar a los niños de contenidos inadecuados para ellos. “Algunos -y mira que todavía están en Primaria- ya han visto porno. Escriben ‘culo’ en el buscador por hacer la gracia y se llevan una sorpresa”, dijo. Grave y turbio.

Cada vez es más complicado saber lo que se debe interpretar de manera literal y lo que no de todo lo que nos rodea. Nos reímos de las traducciones de Google, pero quién te dice a ti que el dueño del bar no sirve león a las finas hierbas.

In that order

Lo de Bale, el Real Madrid y Gales ya no es que sea mi momento favorito de noviembre, sino de todo el año. Tu técnico no te quiere, la afición te tiene tirria, tú estás lesionado y ni siquiera entrenas. Te llama tu selección, vas, entrenas, juegas y al final del partido te descojonas de todos con una bandera gigante. Wales. Golf. Madrid. In that order. Explicas que es para reírte de la prensa española por las constantes críticas, pero a todo el mundo le da igual. Un grande.

Fue una lástima que justo cuando aterrizó Gareth en Chamartín se acabase de marchar José Mourinho, otro de mis showmans preferidos. La vuelta del portugués a los banquillos, aunque en este caso sea en detrimento de Mauricio Pochettino, siempre es una buena noticia. Por lo menos a nivel de espectáculo y material para mis artículos.

Es que, para ser sincero, a la hora de dar juego para escribir prefiero una buena rueda de prensa que una gala del Balón de Oro. Todos los años el mismo debate -y casi todos los años, el mismo ganador-: ¿el galardón es para el mejor jugador del mundo o para el que mejor lo hace en la temporada? De ahí pasamos a comparar a Messi con Maradona, a Maradona con Pelé y no salimos del círculo.

El caso es que hace poco mis ojos volvieron a recaer en las páginas de anuncios por palabras del periódico. Me acordé de lo caros que me parecían los finales felices cuando era pequeño. Como en aquellos tiempos en los que me inventaba respuestas a cuestiones de la vida, estaba en un bar. Primero Luis Enrique y después Robert Moreno. La televisión reproducía las duras palabras de uno y otro en la sala de prensa. Antes habían sido grandes amigos, pero ahora solo quedan reproches entre ambos.

¿50 bolsas de golosinas por un final feliz?