La Guía Marca de La Liga se convirtió, durante años, en uno de los referentes futboleros en España | Diego Tomé
La Guía Marca de La Liga se convirtió, durante años, en uno de los referentes futboleros en España | Diego Tomé
DIEGO TOMÉ CAMOIRA

@FirstClassSDP

La cuarentena nos hace mirar al pasado. Se recordaba por mi casa el otro día las historias de mi bisabuela, cuando no podían salir de la casa del pueblo durante largas épocas invernales a causa de la nieve. Nuestro presente de aislamiento se reduce en estos momentos a lo virtual, a las pantallas que nos conectan dando una sensación de -falsa- realidad. Y ahí hice clic; el pasado de mis antepasados era el confinamiento. Y mi confinamiento era una guía y un atlas.

Hablar de la Guía Marca de la Liga es hacerlo, en mi caso, de la más tierna infancia. Recuerdo cuándo a finales de verano aparecía mi padre con aquel “tocho” bajo el brazo. Allí empezaba mi temporada futbolística incluso cuando internet y las redes sociales ya eran parte de mi día a día y perdía el sentido todo aquel conglomerado de cifras y datos que se podían consultar rápidamente a través de Wikipedia.

No obstante, para mí aquella Guía -sí, en mayúsculas- significaba algo más. Me trasladaba a mi primer recuerdo futbolístico. A las mechas de Santi Cañizares y los pendientes de un imberbe Ricardo Quaresma con la camiseta del FC Barcelona.

Los datos históricos de aquellas guías eran uno de sus principales valores | Diego Tomé
Los datos históricos de aquellas guías eran uno de sus principales valores | Diego Tomé

Durante esta larga semana de cuarentena he pensado en mi relación con el fútbol y en que no se ha deteriorado con los años, sino que a mí nunca me ha gustado este juego. Hará dos años que en una de las reuniones de Mundo Esférico que se producían de manera espontánea en la cafetería de la facultad Carlos me hablaba con entusiasmo de ‘La Pirámide Invertida’, la obra de Jonathan Wilson que cambiaría la táctica futbolística para siempre.

Ante aquella explosión de conceptos que revoloteaban en mi cabeza y revolucionaron para siempre el juego le espeté que a mí el fútbol me aburría. Sí, simple y llanamente, me aburría. Y lo sé porque hay deportes en los que sí me fijo en sus aspectos más técnicos. A mí me flipa ver a Kawhi Leonard dar un clínic en ambos lados de la cancha del Staples Center, y me emociona ver a Tom Boonen y el Quick Step hacer añicos un pelotón a 100 kilómetros del velódromo de Roubaix, pero no aprecio el sextete de Guardiola como amante del juego.

Para mí el fútbol era saber situar en el mapa Libreville, capital de Gabón y ciudad natal de Henri Antchouet, fichaje estrella del Deportivo Alavés para la temporada 2005/2006 y que venía de realizar una gesta unos años antes con el Leixoes, llevando a un equipo de la tercera categoría del fútbol luso a disputar la final de la Taça de Portugal en 2002.

Mis fines de semana futboleros se resumían en tener abierta la guía y el atlas al mismo tiempo. Cada partido y cada goleador se convertían en una clase de refuerzo de geografía improvisada y no me gustaba la idiosincrasia del Athletic Club -era un pobre iluso- porque la población más exótica que podía encontrar en aquella plantilla era Logroño.

Imagen del Athletic 2005/06, con Fran Yeste como estrella y Fernando Llorente como gran promesa de los leones | Diego Tomé
Imagen del Athletic 2005/06, con Fran Yeste como estrella y Fernando Llorente como gran promesa de los leones | Diego Tomé

Con el tiempo, y el poco amor que he desarrollado por los tejemanejes internos del fútbol moderno fui descubriendo que, en la actualidad, el exotismo en el balompié suele ir de la mano de los grandes negocios que acaban con la idiosincrasia de los clubes. Pero esa es otra historia.

Una base de datos antes de internet

Una de las aportaciones más interesantes que tenía la guía Marca era, precisamente, una de las que pasaba más desapercibidas a mis ojos de infante. Al leer nuevamente la guía durante estos días percibí que el mayor valor añadido de aquella enciclopedia futbolística estaba en los datos que aportaba en una era en la que el Big Data y el acceso global a internet estaba muy lejos de los números actuales.

Calcular el número de tiros totales en cada zona de ataque y su porcentaje de efectividad es parte esencial de las herramientas y equipos de scouting y datos que a día de hoy forman uno de los ejes centrales en el entrenamiento de cualquier conjunto profesional, y a través de aquellas páginas, ya se podía ver una primera aproximación.

Los bancos de datos funcionaban como una base de datos antes del auge masivo de internet | Diego Tomé
Los bancos de datos funcionaban como una base de datos antes del auge masivo de internet | Diego Tomé

Una realidad inventada

Pienso en mi primera guía Marca -que después de que se le cayesen las tapas y el lomo pasó a mejor vida- y recuerdo cómo el fútbol femenino tenía un hueco en aquellas páginas. Si hubiese visto más fútbol quizá habría percibido que aquella realidad era inventada, y que las jugadoras del Nuestra Señora de Belén de la Superliga Femenina vivían aquello como un hobby, pero formaban parte de aquel relato. Y quien allí salía, para mí se convertía en referente.

Creo firmemente que, si hubiese crecido viendo los encuentros de Cruyff que mi padre guardaba a través del VHS, el cual atranqué con figuritas de Lego, me hubiese hecho un apasionado de la táctica. No obstante, mi realidad -al igual que la de mi bisabuela fue el confinamiento- está mucho más emparentada con relatos geográficos e imaginativos que con todas las pirámides que los teóricos de este juego quieran crear.

Eso sí, pobre de quien me quiera poner una pantalla digital con la mayor proeza de Alberto Contador mientras veo a la Deportiva en vivo y en directo desde el fondo del Toralín. Viva el fútbol, y viva el contexto en el que lo viva -valga la redundancia- cada uno. Larga vida a la guía Marca.