Gabi Pita en su etapa como psicólogo del Deportivo de La Coruña | Fuente: Dxt Campeón
Gabi Pita en su etapa como psicólogo del Deportivo de La Coruña | Fuente: Dxt Campeón
DIEGO TOMÉ CAMOIRA

@FirstClassSDP

El estudio de la mente humana ha estado presente en nuestras vidas desde tiempos inmemoriales. La psicología ha tratado de dar respuestas a la conducta humana desde hace siglos. No obstante, hay un área que, hasta hace poco tiempo, ha estado relativamente apartada del estudio de la psique.

La psicología deportiva se trata de una ciencia de reciente teorización que, incluso en la actualidad, da lugar a diversos debates intelectuales a la hora de considerar esta disciplina como una rama más de la psicología general o, en cambio, entender la psicología deportiva como una especialidad propia de las ciencias del deporte.

Más allá de disertaciones teóricas, lo cierto es que la psicología del deporte está calando como un área importante dentro de los distintos clubes deportivos. El fútbol no es una excepción, y con el paso de los años muchos equipos se atreven a dar el paso de no sólo entrenar el físico, sino también de cuidar la mente.

Gabi Pita ha ocupado durante años un puesto en el organigrama del Real Club Deportivo de la Coruña como psicólogo deportivo del conjunto herculino. Junto a él charlamos de fútbol, ansiedad en el deporte, psicología, tabúes y la importancia del cuidado de la mente en el rendimiento deportivo.


Pregunta: La primera es obligada ¿Cómo nace en Gabi la pasión por mezclar la psicología y el fútbol?

Respuesta: Nace en mí porque soy un apasionado del fútbol, sobre todo, y del deporte en general desde muy pequeño. Me interesa mucho el tema del rendimiento deportivo, saber cuáles son las patas del banco del rendimiento deportivo y me doy cuenta que, en general, hay una que siempre influye en todas las demás de una manera crucial y es la faceta psicológica. Podemos decir que hay un componente técnico-táctico, un componente físico y hay un componente psicológico que es el que cuando no funciona bien, todo lo demás, entre comillas, da igual.

Empecé a estudiar psicología en Santiago y conociendo un poco las ramas de la psicología descubro que existe la especialidad de la psicología deportiva y empiezo a pensar que es lo que quiero hacer. Entonces me pongo en contacto con el que era en aquel entonces el psicólogo del Deportivo de la Coruña y hablo con él para preguntarle si podría conocer cómo funciona un servicio de psicología de un club desde dentro, a nivel de cantera. Me dieron la oportunidad de poder ir y así fue como, estando ya en segundo de carrera, tuve mi primer contacto real con el mundo de la psicología deportiva.

P: Se trata de un ámbito de la psicología que, hasta hace poco tiempo, tenía poco arraigo. ¿Crees que esta disciplina está en auge?

R: Completamente. Antes había una cierta reticencia a reconocer que la faceta psicológica es una pata más del banco del rendimiento deportivo y que, por lo tanto, es lógico que la psicología deportiva forme parte del entrenamiento del deportista.

Lo que ha ocurrido es que, por un lado, ha evolucionado la ciencia de la psicología deportiva, hay más psicólogos deportivos, mejor formados, mejor preparados, y por otro se está teniendo acceso y se está divulgando mucho a través de redes sociales. Los deportistas están hablando sobre su trabajo con psicólogos deportivos y, al final, esto es un poco la pescadilla que se muerde la cola. Se empieza a hablar de ello, la gente lo conoce y entonces a quien le daba un poquito de reparo también lo prueba y cuando lo pruebas, ves que te funciona y te va bien lo sigues haciendo. Es una disciplina que yo creo va a seguir creciendo.

P: A menudo, la sociedad tiende a pensar erróneamente que quien acude al psicólogo tiene algún tipo de trastorno u enfermedad. Supongo que entre los futbolistas no será una excepción.

R: Creo que depende mucho del mensaje que tengas y también depende de cómo se lo hagas llegar a los deportistas, en este caso a los futbolistas. Tan importante, o más importante que el mensaje en sí, es cómo lo haces llegar. El deportista lo primero que tiene que saber es que el psicólogo deportivo es una figura que está disponible pero que no tiene que ser imprescindible.

Quiero decir, pocos eligen si trabajan con el preparador físico o no. En el caso del psicólogo tú tienes una herramienta que te va a ayudar en el rendimiento y bienestar y tú decides si la utilizas o no. Es decir, se le pasa un poco la pelota a su tejado y eso muchas veces en el deportista genera una especie de duda razonable.

Siempre te encuentras de todo; hay deportistas que desde el principio tienen muy claro que quieren eso porque ya han trabajado con otros psicólogos deportivos y van hacia adelante, otros rotundamente se niegan por ese tabú o porque consideran que no lo necesitan, y luego están los dudosos que, realmente, conforman el grueso de una plantilla y son a quienes tú te tienes que ganar. Tienes que conseguir que, aunque no empiecen la temporada trabajando contigo, al final de la temporada lo hagan.

P: Trabajaste durante varios años como psicólogo deportivo del Real Club Deportivo de la Coruña ¿Cuál era tu papel en el día a día del conjunto deportivista?

R: Yo trabajé tanto en el primer equipo como con la cantera de manera simultánea. Mi trabajo con el primer equipo en el día a día consistía en llegar a la ciudad deportiva uno de los primeros, para estar antes que los jugadores que llegaban a desayunar allí, los recibía, y en ese espacio de tiempo comenzaba a preparar mi trabajo con los jugadores que tenía citados para ese día y completando un poco las tareas del día anterior. Trabajaba básicamente con los deportistas a nivel individual. Las intervenciones grupales que se hacían siempre eran mediadas a través del entrenador y el trabajo individual funcionaba a través de un programa de establecimiento de objetivos, que trata un poco de enfocar al deportista en alcanzar mejoras determinadas en su rendimiento o en su bienestar emocional.

Preparaba los informes que le iba a dar al jugador ese día, posteriormente cuando los jugadores iban bajando yo me iba reuniendo individualmente con cada uno para preparar el entreno de ese día concreto, estaba un poco por el vestuario, zona de fisioterapia hablando con los jugadores para que me contaran cómo estaban, en contacto con los servicios médicos para ver cómo los veía. Cuando llegaba la hora del entrenamiento salía al campo para realizar la observación del mismo, que es una parte muy importante para nuestro trabajo, y después del entrenamiento tomaba notas de lo que había visto en el entreno y preparando ya el trabajo del día siguiente. Eso sería un poco la dinámica habitual.

P: En los últimos años, el banquillo del Deportivo ha tenido muchos inquilinos. ¿En algún momento entró en contradicción tu visión del entorno con la de los responsables técnicos?

R: Lo que pasó en el Deportivo, al final, es una extensión de lo que está pasando actualmente en el fútbol profesional. Dependemos mucho del resultado y no del rendimiento. Al final el rendimiento se evalúa en base a lo que has hecho tú para conseguir lo que puedes lograr sin tener en cuenta que enfrente hay un rival que te puede complicar las cosas. El rendimiento lo que te permite es tener amplitud de miras, buscar el largo plazo y tener confianza en una idea.

¿Qué ocurre? Que los entrenadores hoy en día llegan al club en una situación muy complicada. Viven en un estado de estrés constante que no favorece su propio rendimiento personal, esa presión se traslada a los jugadores… Son una serie de circunstancias que hacen difícil el rol del entrenador. Creo, y es una opinión completamente personal, que se abusó de las destituciones, cambios de entrenadores, porque al final eso genera un clima de desconfianza y también genera entre los jugadores una sensación de que, si esto no funciona con este, malo será que no llegue otro. Los jugadores piensan “bah, si no llegan los resultados con este entrenador, malo será que dentro de 3 jornadas si seguimos perdiendo, no llegue otro”. No favorece para nada el rendimiento.

Como psicólogo del Deportivo Gabi trabajaba tanto con las categorías inferiores como con el primer equipo | Fuente: Cedida
Como psicólogo del Deportivo Gabi trabajaba tanto con las categorías inferiores como con el primer equipo | Fuente: Cedida

P: Se asume que un futbolista de élite no puede jugar al fútbol con la tibia rota pero no ocurre lo mismo con un jugador que sufre de ansiedad. En muchas ocasiones puede influir de igual manera…

R: Completamente. ¿Qué es lo que ocurre? Que sí puede jugar con ansiedad, otra cosa es el rendimiento que vaya a dar y la factura que tenga que pagar por haber hecho eso. Esto es como vivir en el día a día con ansiedad, ya que tienes que ir a trabajar, o un niño que tenga problemas de ansiedad y tenga que seguir yendo a clase… El peligro precisamente está ahí, y radica en eso, en que lo único que genera eso es un malestar, una incomodidad, una disminución de tu rendimiento, pero no te imposibilita, por lo tanto, lo sigues haciendo. Puede ser incluso que llegues a normalizarlo; a pensar “bueno, es que igual yo soy así”. Hay deportistas que llevan sintiendo eso desde que son cadetes y piensan que es lo normal, y que a todos sus compañeros les ocurre.

Por eso es tan importante visibilizar que los problemas psicológicos no son ajenos del deporte. Es más, es un contexto propicio para que se desarrollen. Por tanto, lo que hay que hacer es normalizarlo, que el deportista lo sepa reconocer y que luego tenga cerca al profesional que le pueda ayudar a gestionarlo.

Creo que en el Deportivo se abusó de las destituciones y los cambios de entrenador

P: Según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud), la depresión es un trastorno del estado de ánimo que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo. Sin embargo, parece que no tiene su reflejo en el planeta fútbol. ¿Cuánto puede pesar la idea de ejemplo conductual en los futbolistas para no hacer visible estos problemas?

R: Muchísimo. Muchísimo porque los futbolistas profesionales, al fin y al cabo, están constantemente en la picota. Ellos están expuestos a todo, su vida es pública y, bueno, esto puede ocurrir de forma similar con otras figuras del mundo de la fama también. Es decir, tampoco vemos demasiados casos de actores, actrices o políticos que puedan manifestar de manera abierta que tienen un problema psicológico. Precisamente, porque el problema radica ya en la palabra, problema psicológico tiene una connotación muy negativa, que responsabiliza a la persona.

En el caso de los futbolistas, al final van a cumplir los criterios de las medias. Son una muestra que tampoco se tiene que escapar mucho de la realidad de la población media. Sí que es cierto que yo como psicólogo deportivo no soy especialista en clínica y me importaba poco la etiqueta, si era depresión o si era ansiedad. Si yo veía que había alguien que realmente tenía una clínica compatible con un trastorno específico, yo a ese deportista le decía que el problema era clínico y lo tenía que ver un psicólogo clínico. Si no, todo lo demás que se le pudiera parecer, al deportista no es necesario que le digas que le pasa algo ni que le pongas un nombre, lo que quiere es que tú le ayudes a encontrar las soluciones.

En ese sentido es incluso más positivo que no le digamos al deportista que tiene ansiedad, que sufre un trastorno de estrés. Tienes que decirle lo que hacer y a ver si así conseguimos que lo que encuentra como incómodo se convierta en una normalidad con la que pueda estar bien.

P: Desde el caso de Robert Enke y su temprano fallecimiento a causa de la depresión parece haberse avanzado en este área. ¿Qué pasos crees que se deberían dar en este sentido?

R: Creo que visibilizar la psicología a la población en general es súper importante. Luego que los deportistas tengan acceso a los recursos, porque yo desconozco si en el equipo de Robert Enke, o en los equipos en los que estuvo tenía a su disposición un psicólogo que pudiera trabajar con él, alguien que pudiera verlo.

Al final, si somos profesionales de esto, es porque tenemos una capacidad desarrollada para tratar de identificar situaciones antes de que estén ocurriendo o antes de que la gente pueda verlas. Detectarlas, ver las señales, acceder y ayudar. Evidentemente, eso siempre va a ocurrir. Al igual que en la población general hay gente que acude a un psicólogo y no soluciona sus problemas, pero la gran mayoría lo va a solucionar. Por lo tanto, para mí la clave es visibilizar el trabajo psicológico y normalizarlo.

P: En uno de nuestros reportajes, un jugador de Tercera Regional comentaba sus problemas con la ansiedad, y que tuvo que fingir no encontrarse bien para quedarse en el banquillo varios partidos. ¿Consideras que la ansiedad va en aumento con el estrés de la élite o que en el fútbol amateur también es un problema a tener en cuenta?

R: La ansiedad y el estrés son un fenómeno psicológico que consisten en que tu cuerpo está en un estado de alerta y de alarma que lo prepara para la lucha. Son fenómenos completamente adaptativos y que, a lo largo de los años, nos ayudó a sobrevivir. El problema de este estrés o de la ansiedad nace cuando se vuelve crónico, cuando constantemente vivimos esto en el día a día o en determinadas situaciones. Pero el estrés no entiende de un estadio de 30.000 personas o de un estadio de 25, lo que entiende es de la persona que lo sufre.

Hay gente a quien le estresa levantarse a una determinada hora, ir a trabajar, estar en una oficina y tener una vida x y a otra no le estresa nada. Esto es lo mismo. El estrés es algo totalmente subjetivo, y por lo tanto una persona puede sentir estrés competitivo jugando en Tercera Regional sin ningún tipo de problema. Ahora bien, ¿es más probable sufrir estrés cuando hay cámaras, espectadores y mucho dinero de por medio? Pues sí. Pero no tiene que ser improbable que esto que me comentas ocurra a este deportista y a muchos otros.

P: Incluso, a ojos de la sociedad, en muchas ocasiones en la élite resulta comprensible, pero no en el resto de casos.

R: Es lo que hace que la gente no lo diga. Es muy fácil que, si tú tienes estrés jugando, y estás jugando en Tercera o Segunda Regional la gente te diga que es una pachanga entre amigos, o que lo dejes si no te gusta. Pero tú quieres jugar, quieres hacerlo porque a ti te gusta, pero el problema es el estrés.

A eso me refiero con que hay que visibilizarlo porque,  seguramente si alguien de Tercera Regional se lesionase mucho, pues mira, es una pena, pero en esa categoría también te puedes lesionar. Pues a nivel psicológico exactamente igual. En Tercera Regional también puedes tener problemas psicológicos por jugar, también puedes tener ansiedad y también puedes tener una mala gestión de tus emociones en la competición, y cada vez que hay algo que a ti no te gusta, insultas al árbitro y te expulsan. Somos seres humanos en Primera División y en Tercera Regional.

P: ¿Sería necesario que los clubes contasen con la figura de un psicólogo deportivo del mismo modo que tienen un entrenador de porteros?

R: Sería lo ideal. También soy entrenador nacional de fútbol y conozco la realidad del deporte. Si tengo que elegir está claro que igual no me puedo permitir elegir de primeras a un psicólogo porque necesito que un preparador físico, sí o sí, esté trabajando. A lo mejor también es imprescindible contar con un fisioterapeuta para tratar a mis jugadores lesionados. El psicólogo sí es una inversión que yo creo que los clubes podrían hacer, y aunque no sea de manera permanente, que estén en plantilla y en el día a día. Se puede contar con una persona que trabaje de manera eventual con el club, un autónomo que llegue a un acuerdo con el club y trabaje con ellos un día a la semana, que los deportistas tengan acceso a eso. Es una inversión que no va a suponer mucho desembolso económico, sobre todo para los clubes que militan en categorías más bajas, y le va a dar la oportunidad al futbolista de tener esa herramienta ahí.

P: ¿Qué porcentaje de importancia le darías al factor psicológico y cuál al factor físico a la hora de rendir sobre el terreno de juego?

R: Es difícil. No daría un porcentaje si dividiéramos el 100%. Creo que hay una parte física, una parte técnica y una parte táctica que están unidas y conforman ese 100% en el cual cada uno, según su visión, le puede otorgar una determinada importancia a cada una de las partes. Pero es que el apartado psicológico puedes imaginarlo como un círculo que está por fuera de todo esto y que lo rodea, y según como esté ese círculo de apretado todo lo demás va a llegar al 100% o no.

Esto me lo imagino siempre como una especie de rueda que rodea a la otra rueda del 100% y según como esté, si está bien, llegas al máximo, pero si la parte psicológica no está bien eso se empieza a apretar. Entonces tu máximo potencial, que era el 100% entre el apartado físico, el técnico y el táctico, se reduce al 98, 95, al 90… No es que esa vaya independiente, sino que condiciona a las otras tres. Puede ser que las otras tres estén muy bien, pero como la psicológica está apretando, está muy bien, pero al 50% de lo que podría estar.

P: Tu límite es menor, ¿no?

R: Exacto, digamos que tienes el techo muchísimo más cerca. Tu potencial es mucho más alto, pero eso te va lastrando. Imagina en una habitación en la que el techo se va acercando a ti; tú vas a estar con tu altura, pero cada vez va a haber menos distancia al techo. Pues eso sería el símil que me gusta hacer con la faceta psicológica dentro del rendimiento deportivo.

Recientemente Gabi Pita se ha convertido en nuevo preparador físico del Laracha | Fuente: Diario Deportivo
Recientemente Gabi Pita se ha convertido en nuevo preparador físico del Laracha | Fuente: Diario Deportivo

P: En una entrevista a The Guardian, Bojan Krkic confesaba ataques de ansiedad debido a las altas expectativas que la prensa generó y que le apartaron de la Eurocopa en el año 2008. Según el jugador, el mundo del fútbol no quería que se supiera la verdad y aseguró que en aquel momento le recomendaron alegar que se iba de vacaciones ¿Esto sigue siendo una dinámica habitual en la industria futbolística?

R: Creo que afortunadamente no. Si sigue siendo así no lo sabemos, porque si ocurre está oculto. Aun así, creo que, por suerte, cada vez más equipos están contando con psicólogos deportivos que están dando visibilidad a esto y no están permitiendo que ocurra. Es una desgracia que, además de tener un problema psicológico que te impide ir a una Eurocopa que evidentemente lastra tu carrera deportiva, tengas que mentir y te expongas además a que la gente te juzgue por esa mentira, es decir, que prefieras irte de vacaciones a ir a jugar la Eurocopa.

Estas crueldades van a seguir apareciendo, es parte del precio que hay que pagar por estar en la élite, e igual que mucha gente que vive del fútbol hasta los 40 acaba con lesiones crónicas de cadera, estos deportistas tienen que convivir con una lesión crónica de ese estilo. Ahí está la figura del psicólogo deportivo para hacer este camino mucho más accesible y para que el deportista, una vez que se retire, tenga una vida productiva y no le afecte.

El aspecto psicológico condiciona a nivel físico, técnico y táctico. Si psicológicamente no se está bien, el rendimiento disminuye

P: Hablemos del fútbol formativo ¿Se les enseña a los jóvenes a convivir con la derrota?

R: No como deberían, y lo observo cada vez más. En general, con los jóvenes en el contexto deportivo, yo lo viví desde dentro de un club.   Los jugadores no son conscientes de una realidad muy básica y es que a lo largo de tu carrera deportiva vas a perder muchas más veces de las que vas a ganar. ¿Vas a ganar alguna liga? Sí, pero todas las demás veces vas a perder. Es decir, lo normal es que pierdas, lo normal es convivir con la derrota y lo normal es que las cosas no sucedan como a ti te gustaría que sucedieran. Y ahí están muchas veces los problemas del salto de categoría juvenil a categoría senior. Los deportistas que a lo mejor tuvieron un nivel espectacular, fueron siempre titulares y las cosas les fueron siempre a favor, llegan arriba y se encuentran con un pequeño techo y se derrumban.

A otros deportistas a quienes las cosas no siempre les fueron tan bien, que ya se enfrentaron a problemas, que tuvieron que luchar para llegar ahí y que la vida no les puso demasiado fáciles, aunque se tengan que llevar un par de golpes, saben que eso forma parte del proceso y se vuelven a levantar. Por eso encontramos muchas veces jugadores que nos sorprende mucho que lleguen a Primera con 26 después de haber pasado por 2ªB, porque parece que llegar a Primera con 26 es ser muy mayor, y yo creo que todo lo contrario.

El que llega a Primera con 26 es porque ha vivido un proceso completo que le va a hacer sobrevivir. En cambio, el que llega a Primera con 18 es muy bueno, pero le queda mucho más, aparte del rendimiento actual, para poder sobrevivir al fútbol profesional. No tengo los datos, pero sería curioso ver cuántos jugadores han debutado y han jugado menos de tres, cuatro partidos en Primera División con cualquier equipo y han desaparecido, seguro que muchos.

Los clubes deberían apostar por trabajar con psicólogos deportivos a largo plazo, no que lleguen y marchen con cada entrenador. El psicólogo deportivo debe ser una figura de confianza

P: En un reportaje en el que analizamos la realidad del fútbol base español, varios jóvenes futbolistas coincidían en que, en general, se premia la victoria por encima del aprendizaje.

R: Estoy de acuerdo. Hay una realidad que es que, al ser humano, por naturaleza, le gusta ganar, a nadie le gusta perder. A partir de ahí está la lucha interna entre lo que nos pide el corazón y lo que nos dice la razón. Esa es una lucha interna que viven los entrenadores, las directivas, los coordinadores… Y es un poco la expectativa de reproducir el fútbol profesional a pequeña escala. Cuando comienza la temporada todos los entrenadores y directivos dicen que lo importante es formar, que el resultado da igual pero, cuando vamos líderes en la jornada 15, parece que el discurso cambia. Ya que estamos ahí este año hay que darle importancia a ganar; porque es muy bueno para el equipo, porque nos va a dar mucha publicidad…

Lo importante es tener claro cuáles son tus principios y creo que una visión muy lógica en el trabajo de cantera es marcarte un porcentaje de forma que se prime el rendimiento. Puedes empezar del juvenil hacia abajo y, por ejemplo, en el juvenil le das un 80% de importancia al resultado y un 20 a la formación hasta acabar en los pre benjamines donde le das un 95% de importancia a la formación y el 5% al resultado. Es un modelo en el cual el jugador va a ir creciendo progresivamente en su formación y que poco a poco se va a acostumbrar a esto porque, si solo se le da importancia a la formación, llegamos al fútbol sénior y a nadie le importa la formación, lo que importa es el resultado. Nos encontramos con jugadores que no saben convivir con la presión de un marcador, con tener que ganar, con ir contrarreloj y eso también es parte de la formación de un deportista. Ahora bien, hay que saber gestionarla y hay que saber en qué edades.

P: Mientras prácticamente todos los clubes de Primera tenían un equipo de psicólogos en las categorías inferiores, apenas 5 clubes de la máxima categoría contaban con psicólogos del deporte. ¿Se hace poco hincapié en el entrenamiento psicológico en el fútbol de élite?

R: Sí, y es una pena porque en España hay buenos psicólogos deportivos. En España contamos con mucha gente que se ha formado en el máster que yo hice en la UNED, en otros másteres que se ofrecen aquí, y hay gente profesional, preparada, que además domina el deporte pero, en las estructuras, como hay poca estabilidad,  es difícil que haya una apuesta pura por el psicólogo deportivo dentro del club. Y creo que la apuesta debe ser esa, que el club tenga un psicólogo deportivo, no que el psicólogo deportivo dependa del entrenador. El entrenador hoy está, pero mañana quizás no, y el jugador necesita en el psicólogo una figura de confianza.

El psicólogo deportivo debe ser una persona con la que el jugador entra por la mañana, y si en el despacho le tiene que decir que el entrenador es un insoportable, que no lo puede ver delante o que tiene un compañero que es idiota se lo tiene que poder decir con total seguridad y con total confianza de que eso se va a quedar ahí.

Por lo tanto, la clave sería clubes que apuesten por tener una estructura sólida, un psicólogo en su plantilla, y ya. Por el que apuesten, sí o sí, a largo plazo y que se puedan hacer proyectos de crecimiento. De esa forma, el jugador que venga del juvenil, cuando suba al primer equipo ese psicólogo lo lleve viendo 3 o 4 años entrenar y el día de su debut tenga una figura de confianza con la que pueda hablar etcétera.

P: Las lesiones de larga duración como las de Bruno Soriano, Santi Cazorla o Michu entre otros, pueden acabar con la carrera de un futbolista. Más allá del componente físico, ¿cómo se trabaja a nivel psicológico el tiempo que dure la lesión?

R: El proceso psicológico tiene diferentes partes. Aquí hay una parte muy importante, en estas lesiones de larga duración, que consiste en enseñarle al deportista a gestionar sus emociones, enseñarle que va a pasar por diferentes fases a lo largo de la lesión… Es como una pequeña fase de duelo, en la cual puede haber una primera parte de negación, en la que el deportista no se cree, o no quiere creer que vaya a estar mucho tiempo sin jugar; hay una segunda parte de ira, de rabia, en la cual yo estoy cabreado porque quería estar jugando. Luego hay una fase de depresión en la que estoy triste, no veo el final del camino y me encuentro desanimado y, tras ello, hay una fase de aceptación, en la que el futbolista entiende que esa situación es la que tiene que vivir y en la cual podemos empezar a construir el futuro de ese nuevo jugador o de esa nueva persona.

Esas fases no van necesariamente en este orden, y no tienen por qué pasar y no volver a ocurrir, sino que fluctúan. Lo que tenemos que hacer es enseñarle al deportista que existen estas fases en el proceso, darle herramientas en cada fase para trabajar en función de cómo se encuentre, y a partir de ahí prepararlo tanto para la vuelta a la competición, como para su día a día. No nos podemos olvidar que son personas, las cuales, llevan un año, dos años o el tiempo que dure la lesión sin poder hacer su trabajo, que además es su hobby y que forma parte de su día a día.

P: Y que, en muchos casos, es la única realidad que conocen.

R: Claro. Es su mundo, su burbuja y, a veces, hay que sacarlos de ahí y enseñarles que hay más mundo, que hay más cosas que se pueden hacer, que pueden formarse, que pueden estudiar… Darles recursos y que sientan que el fútbol no es su única cuestión en la vida, sino que hay vida más allá del fútbol y que esa vida más allá del fútbol es la que les puede salvar en ese momento.

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