Una imagen que resume el estado de Messi | Fuente: FCB Noticias
Una imagen que resume el estado de Messi | Fuente: FCB Noticias
DAVID FERREIRO PÉREZ

@ferrekt

La de vueltas que da la vida. Nunca pensé que fuera a ver con mis propios ojos la salida de Lionel Messi del FC Barcelona. Ahora, parece que tampoco la veré. Como cuando tienes 16 años y quieres salir a tomarte unas ‘cerves’ con tus amigos pero tus padres no te dejan. “Pues me voy igual”, piensas. Pero no te vas, no. Pues lo mismo ha pasado con el argentino. Semanas de portadas, rumores, dimes y diretes, intercambio de comunicados… Y al final, todo igual. O casi.

Pasen y vean, señoras y señores. Pónganse cómodos. Qué se yo. Un sofá cómodo, luz tenue, quizás algo de jazz de fondo… y una copita, cortita, con dos hielos. Bienvenidos sean todos a este pequeño rincón de mi cabeza. Aquí vengo a contarles mi particular visión sobre la vida. Menos válida que cualquiera y menos certera que la verdad absoluta. En mi cabeza mando yo, aunque espero que les guste. Al lío.

Caza de brujas

A modo de berrinche o fruto de la rabia -o de la decepción-, pero ha pasado lo que nadie se podía esperar. Leo Messi quiso (¿quiere?) dejar el Barça y, aunque ahora parece que se queda, bastante hemos visto ya. Después de una temporada estrambólica y decepcionante en Can Barça y de una gestión más que cuestionable de Josep María Bartomeu (posiblemente, el mejor fichaje de ‘TitoFloren) el astro argentino ha dicho basta. Ha entonado eso de “no es para mí”. Y es entendible. Pocas cosas se están haciendo bien en el conjunto de la Ciudad Condal y su máxima estrella ha terminado estrellándose, si se me permite el juego de palabras. ¿Quién es el culpable? ¿Es Leo un traidor?

La respuesta es no, rotundamente. Tildar de traidor a la que posiblemente sea la leyenda de tu club, uno de los jugadores que ha cambiado la historia del conjunto blaugrana y que le ha dado todo al equipo… es ventajista e injusto. Se puede estar de acuerdo con el de Rosario o no, pero ni mucho menos es un traidor en este fútbol moderno donde la palabra vale más bien poco. Pero, ¿entonces quién?

No se trata de que vuelen cabezas, ni tampoco de pelearse por saber qué bando lo ha hecho peor. Están siendo años duros y eso se nota, pero es que la gestión tampoco ayuda. Tras echar de mala manera a Ernesto Valverde y cargarle las culpas, en mi humilde opinión, a un Quique Setién que no ha sido más que un títere (aunque también se debe asumir su parte de culpa), la directiva ha terminado de cavar su propia tumba. Ya nada se salva. Ni los fichajes (recordemos grandes hits como KP Boateng, Jeison Murillo o Yerry Mina, amén de los muchos jugadores ‘random’ fichados para el filial) ni la gestión de platilla (caso Arthur), ni tan siquiera la relación con la figura máxima de todo el barcelonismo. Una directiva en contra de su equipo.

Lionel, ¿una cuestión de actitud?

La situación es limite. Se respira la tensión. Pero Leo también ha metido la gamba. Ha desaparecido tras una de las humillaciones más dolorosas que se recuerdan y no ha abierto la boca hasta hace apenas unos días. Y así no. No porque hay muchos aficionados que no tienen culpa de nada. Que, ojo, su decisión es perfectamente respetable, pero las formas no. Y eso debe saberlo. Leo se ha ganado el derecho a poder decidir, pero debe saber cómo hacerlo.

Todo parece indicar que el astro argentino se quedará en la Ciudad Condal en contra de su voluntad (y para no entrar en asuntos legales con el club de su vida) y que el año que viene se irá gratis. Pero este episodio debe servirle para su futura (si se da) salida. Messi no ha tenido reparo en cargar contra la directiva o  en mostrar su malestar cuando así lo ha visto conveniente, pero esta vez parece que se le ha olvidado. Veremos que pasa, pero lo que es seguro es que no se merecía salir así. Debe dar explicaciones y tumbar a todo aquel que se lo merezca.

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