El valle Passu acoge los partidos de la primera liga de fútbol femenino del norte de Pakistán, creada por las hermanas Inayat | Cedida
El valle Passu acoge los partidos de la primera liga de fútbol femenino del norte de Pakistán, creada por las hermanas Inayat | Cedida
LUCAS MÉNDEZ VEIGA

@LMendez8

Fotografías cedidas por Sumaira Inayat

Sumaira y Karishma Inayat, dos hermanas futbolistas, decidieron desterrar todos los estereotipos que carga a cuestas la mujer pakistaní. Con la creación de la primera liga femenina del norte de Pakistán, la Gilgit-Baltistan Girls Football League (GBGFL), buscan dar oportunidades vitales diferentes a las jóvenes deportistas de una región olvidada en el país asiático.

Shimshal, abandonada entre las montañas

A 3.200 metros de altitud, en las cordilleras más altas del gran parque natural del Karakómun —donde se ubica el K2—, se gesta una revolución futbolística y educativa que permite a las chicas de una región dejada de lado cumplir sus sueños de la mano del fútbol. Shimshal solo es un pequeño pueblo de pastores de cabras en el medio de esta escarpada región. En plena Ruta de la Seda, el valle del Hunza se encuentra en un enclave estratégico en el sureste asiático. China, India y Afghanistán difuminan la frontera de una zona abandonada y vilipendiada por intereses económicos. Aún hoy es reconocida por unos y olvidada por otros.

Para abastecerse, la pequeña población que aún queda en Shimshal se acerca hasta un pequeño arroyo. Desde hace unos años tienen cobertura móvil pero a cambio solo disponen de un generador eléctrico que no da a basto para dar luz a unas 100 familias y, de vez en cuando, la zona queda sumida en la oscuridad. Allí nacieron las hermanas que pusieron en marcha la iniciativa de la GBGFL en Pakistán, Sumaira y Karishma.

Pronto tuvieron que mudarse por el trabajo de su padre y en busca de una mejor educación, saliendo de una zona en la que no existían escuelas ni institutos. Lahore, la gran ciudad, se ubica a más de 20 horas en coche tras salir del pueblo por una pedregosa carretera que cambia su recorrido dependiendo de los aludes y las lluvias. Su pasión por el esférico llegó cuando menos lo esperaban y en un país que siente verdadera devoción por el cricket, el único deporte que realmente recaba apoyos de autoridades y marcas.

Las grandes montañas de Karakómun definen la difícil geografía de Shimshal, donde se juega la GBGFL | Cedidad
Las grandes montañas de Karakómun definen la difícil geografía de Shimshal, donde se juega la GBGFL | Cedida

“Mi hermana y yo empezamos a jugar al fútbol en 2012. Antes de que fuésemos conscientes del juego, con 11 o 12 años, solíamos jugar al cricket con mis hermanos y vecinos. Riaz, el entrenador de nuestra comunidad, fue quien nos introdujo en el precioso mundo del fútbol. Primero éramos muy vergonzosas ya que es un deporte que la gente suele calificarlo para hombres. Mi familia nos apoyó de todas las formas posibles y mi padre solía llevarnos a los parques los fines de semana para jugar a la pelota”, cuenta Sumaira.

Debido a la escasa educación en la región, las jóvenes no ven futuro. Muchas se dedican exclusivamente al cuidado de sus familias y acaban, en los mejores de los casos, en matrimonios concertados. “La realidad de la mujer en Pakistán cambia dependiendo de la region. Tal y como yo lo veo, hoy en día las chicas tienen oportunidades pero les falta confianza y apoyo de sus familias. En el sitio del que provengo, las montañas, las chicas tienen mucha valentía y confianza pero les faltan oportunidades”, apunta. Contra todo eso pretenden luchar las hermanas Inayat, apostando por una educación de la mano del deporte que abre fronteras.

Estudios y la libertad de juego: nace la GBGFL en Pakistán

El fútbol se está convirtiendo en algo muy popular en Pakistán pero se necesita tiempo para llegar a cierto nivel. El fútbol femenino también está cogiendo dimension, diferentes universidades ofrecen becas completas para atletas y quizá es una de las razones por las que los deportistas están destacando en diferentes disciplinas. Mi hermana y yo también tuvimos unas becas para conseguir nuestra educación lo que, para mí, es un buen paso para continuar formándote de la mano de tu deporte favorito

La GBGFL permite a las chicas de diferentes regiones abrirse camino con el fútbol | Cedida
La GBGFL permite a las chicas de diferentes regiones abrirse camino con el fútbol | Cedida

De la mano del fútbol y con la firme convicción de que proporciona los valores adecuados para crecer y educar a las chicas, Sumaira Inayat y su hermana se lanzaron a la aventura de dar una mejor salida a las niñas de la región de las montañas. Ellas pudieron hacerlo gracias a becas de estudios que pueden ser accesibles para más mujeres en Pakistán.

Gracias a sus estudios fueron las primeras mujeres de Shimshal que pudieron representar a Pakistán en un torneo comunitario en 2016, los Jubilee Games. Era el gran sueño de su padre, un buen escenario, y pudieron cumplirlo. “Así fue como mi hermana y yo pensamos que debíamos proveer a las chicas de las montañas de una plataforma que mostrase todo el talento escondido en nuestra región”, incide Sumaira. El talento está ahí, solo necesitan explotarlo con las mejores condiciones y un gran escaparate al mundo.

Así fue como, en 2017, nació la primera edición de la Gilgit-Baltistan Girls Football League, la GBGFL, en Pakistán. Ya van por la tercera edición, a pesar de que este año no hayan podido volver al polvoriento —a la par que impresionante— terreno de juego en medio del valle Passu. El covid ha trastocado los planes de un torneo que suele disputarse entre los meses de julio y agosto y que acoge entre 8 y 10 conjuntos de diferentes zonas de la región de Huza.

“Hay muchas chicas talentosas pero  faltan oportunidades y alguien que las guíe. Nos sentimos orgullosas de proveer esta plataforma donde pueden jugar sin ningún estrés ni barreras económicas ya que les facilitamos todo, desde las equipaciones, organización y acomodo. El coraje y la valentía que veo en las chicas me inspira. El gran apoyo que la comunidad y sus padres han mostrado es tremendo”, dice una de las hermanas Inayat, fundadora de la liga.

Más apoyos en un futuro internacional

En Pakistán se vive con fervor el deporte. En muchas comunidades, actúa como gran bálsamo frente a realidades difíciles. Sin embargo, suele ser el cricket la disciplina más famosa y más seguida en este rincón del planeta. Las autoridades tanto locales como nacionales no dudan en apoyar un espectáculo que genera grandes sumas de dinero y coloca al país en el escaparate mundial gracias a su selección, habitual de grandes torneos.

Ante este panorama, el crecimiento del fútbol se queda en el amateurismo. Las hermanas Inayat siempre tuvieron claro que en su liga en Pakistán, la GBGFL, se proporcionaría todo lo necesario para que las chicas desarrollasen su actividad preferida. Para eso, llamaron a las puertas de muchas empresas y autoridades del país. “A la gente en Pakistán le encanta el deporte pero no quieren invertir en otras disciplinas que no sean el cricket. Es el más famoso. Buscar patrocinadores que puedan contribuir a la causa es uno de los desafíos más importantes. Mi hermana y yo tuvimos reuniones con diferentes marcas durante meses para convencerlos de que contribuyan a nuestra liga”, explica. Solo el 5% de las marcas y las compañías mostraron interés”, avisa.

 

Para favorecer ese crecimiento, han adoptado una gran estrategia en redes sociales, la mejor forma de mostrar su iniciativa. En sus perfiles de Facebook e Instagram destacan las instantáneas de Sumaira, gran aficionada a la fotografía. “Me conecta con la gente, con sus diferentes historias. El objetivo principal detrás de mis fotos fue enseñar al mundo que hay gente que no tiene terrenos de juego adecuados ni grandes facilidades pero que luchan por sus objetivos“, sentencia.

El crecimiento ha sido exponencial. El siguiente paso será poder viajar con las chicas de la liga, hacer más internacional el fenómeno de la GBGFL de Pakistán. “Esperamos colaborar con diferentes clubes internacionales para que las chicas tengan la oportunidad de conocer más sobre el fútbol en diferentes partes del mundo”, comenta Sumaira. El futuro les depara desafíos importantes pero su fe mueve montañas. Incluso aunque sean altas como las que les cobijan y presencian sus partidos en el valle del Passu.

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