Un bigotudo George Best y un narizón Mike Summerbee duarante el derbi de Manchester | Fuente: Mashaide Tomikoshi / TOMIKOSHI PHOTOGRAHPY
Un bigotudo George Best mira a su amigo Mike Summerbee (azul) duarante el derbi de Manchester | Fuente: Mashaide Tomikoshi / TOMIKOSHI PHOTOGRAHPY
CARLOS RODRÍGUEZ LÓPEZ

@Carlosrlop

Érase un hombre a una nariz pegado. Érase un extremo a la línea de cal pegado. Ambas afirmaciones suenan a otros tiempos. La primera por el momento en el que fue escrita, en el siglo XVII. La segunda, por la extinción de la que parecen haber sido víctimas este tipo de futbolistas en los últimos años.

A Mike Summerbee (Preston, 1942) su condición de narigudo y su oficio de extremo le marcaron la vida. Y la noche, claro, como a casi todos los genios.

Mike Sumerbee debutó como profesional en 1959 en el Swindon United, club en el que celebraría 38 goles en 200 partidos. Seis años más tarde, con apenas 22, le llegó la oportunidad de su vida. Joe Mercer, recién aterrizado en el banquillo de Maine Road acababa de pagar 35.000 libras por su traspaso al Manchester City.

Summerbee fue actor protagonista en el primer gran ciclo ganador de los citizen, el trienio 1967-1970, periodo en el que levantaron una liga, una copa de la liga, y una Recopa de Europa. Curiosamente, Sumerbee no participó en la final del hasta ahora único entorchado continental de los sky blue.

Fue uno de los pocos encuentros que se perdió en aquella época, pues conformaba, junto a Francis Lee y Colin Bell, el tridente estelar del equipo. Aquella fue una línea de centrocampistas ofensivos temible en las islas, sin nada que envidiar a la United Trinity (George Best, Denis Law y Bobby Charlton).

Entre centro y centro medido a la cabeza de sus compañeros, ‘Buzzer’, como lo apodaban en el equipo, encontraba tiempo para hablar con los aficionados. Los hinchas que ocupaban los asientos más cercanos a las bandas tenían el honor de charlar con uno de sus ídolos durante el encuentro.

Su ubicación en el verde fue clave para poder entablar esas conversaciones que, a la larga, engrandecerían su estatus como ídolo de Maine Road, pero también una condición que lo ponía en la diana de las burlas rivales: “Tenía una nariz grande, y todavía la tengo, así que solían cantar ‘Summerbee, Summerbee, caminé un millón de millas hasta la punta de tu nariz’. Realmente no me molestó, lo tomé como un cumplido. De hecho, para ser honesto, lo alenté. Cada vez que jugaba en Old Trafford, cantaban canciones sobre mi nariz, así que iba y soplaba en la bandera de la esquina para contrariarlos. Podrías hacer eso entonces; el fútbol era diferente en esos días” reconoció el propio exfutbolista en una entrevista a The Guardian.

Summerbee-Best, amistad al ritmo de la noche

El bueno de Mike estaba hecho todo un bromista. Para él, la profesionalidad nunca estuvo reñida con el humor ni la farra, para lo que encontró en George Best a su mejor aliado.

Una o dos veces a la semana, y sin que esto interfiriese en su rendimiento deportivo, se convertían en un elemento más del ecosistema nocturno de Manchester, en el que no faltaban referentes de la escena musical como The Hollies o Herman’s Hermits.

Buzzer’ y ‘El quinto Beatle’ forjaron una gran amistad que tuvo en la apertura de la boutique Edwodian uno de sus mayores hitos. La tienda, situada en Motor Street, fue inaugurada en 1967 y permaneció abierta hasta 1970.

Tiempo suficiente para que Summerbee fuera testigo de lo encandilador de la belleza de su socio, pues el negocio se llenaba de mujeres cuando Best andaba por allí. “Era mi padrino de boda y creo que soy la única persona en el mundo que tiene fotos de boda en las que la novia está mirando al padrino”, recuerda Mike.

Best (izquierda) y Summerbee posan delante de su tienda, recién inaugurada | Fuente: inostalgia
Best (izquierda) y Summerbee posan delante de su tienda, recién inaugurada | Fuente: inostalgia
Picture taken 14th September 1967.

Best atraía mujeres a la misma velocidad a la que Summerbee ahuyentaba contrarios. El de Preston nunca empezaba un partido sin antes advertir a sus rivales de las consecuencias que tendría tocarle las narices.

Incluso su inseparable Best, que osó retarle antes de un derbi de Manchester, palpó el carácter competitivo de su amigo: “Su idea era correr hacia mí y hacerme un caño para que yo pareciese estúpido. Le dije: ‘Si haces eso, tendré que patearte y no saldrás esta noche’, así que no se molestó”.

En una década vistiendo la camiseta citizen, Mike disputó 400 partidos, fue mundialista con Inglaterra (México 1970) y nunca escatimó esfuerzos por hacerse notar. A la afición del Everton, una de las que más se burlaba de su napia, la sorprendió saltando al césped de Goodison Park con una nariz de plástico.

Desde el 79, año en el que colgó las botas, Summerbee solo se volvió a vestir de corto para el rodaje de Evasión o Victoria.  Hoy ejerce de embajador del Manchester City. Lejos quedan la línea de cal, los títulos y las fiestas. Cerca, aunque cada vez menos, dos de los mayores sinsabores de su vida: un cáncer de próstata y la marcha de su inseparable Best. Al primero lo derrotó y del segundo no se separó ni el día de su entierro, cuando portó su féretro.

Tras la muerte de su mejor amigo, Mike hizo público un triste presagio: “Mi mujer, Tina, siempre dijo que era imposible imaginar a George siendo un anciano… y resulta que tenía razón”

Mike y Tina junto a George, su padrino de boda | Mirror
Mike y Tina junto a George, su padrino de boda | Mirror

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