Cristiano Ronaldo celebra en el Camp Nou | Fuente: DNA India
Cristiano Ronaldo celebra en el Camp Nou | Fuente: DNA India
CARLOS RODRÍGUEZ LÓPEZ

@Carlosrlop

Cristiano volvió al sitio en el que tantas veces fue blanco. Con la grada vacía y el emblema de la Juve en el pecho, no había dedos acusadores ni escudo que lo pusiesen en la diana. Pero Cristiano seguía siendo el mismo, y el Barça, también. Aunque todo alrededor hubiese cambiado.

Hay quien presume de vida plena y ausencia de enemigos. Mienten. Probablemente en lo primero y con total seguridad en lo segundo. Es imposible no tener enemigos. No culpo a quien rehúsa reconocer su existencia, pues hacerlo tiene hoy la misma mala prensa que una resaca de Negrita. A ese punto hemos llegado.

Hace años que los mensajeros del arcoíris irrumpieron en nuestras vidas. Hay gente que camina por la calle con un banner de Mr. Wonderful invisible sobre la cabeza. Como los Sims, pero más falsos. Desconfía. Esa imposición de apariencia feliz 24/7 desterró a la figura del enemigo, que hoy vive repudiada en un forzoso retiro junto a los coches tuneados, el pelo pincho o las BlackBerry.

Como si de un mandamiento se tratase, muchos asumieron que la mera concepción mental de alguien como enemigo suponía el mismo pecado que la manifestación pública de su existencia. Olvidaron lo necesarios que son los enemigos para la vida. No los culpo, quizá aún confundan rencor con motivación y venganza con satisfacción.

No sería nada de Batman sin el Joker, de los que suben todos los putos días su desayuno a Instagram sin quienes los critican todos los putos días, o de la izquierda sin la derecha. Ni siquiera sería posible este artículo sin los del banner invisible de Mr. Wonderful sobre la cabeza. Y no pasa nada por reconocerlo.

Para el Barça, Cristiano es el payaso aquel que les tocaba las narices de chaval. Para Cristiano, el Barça es esa panda de gilipollas que solía provocarle. Y así seguirá siendo, aunque todo alrededor haya cambiado. Da igual el tiempo que pase. Los enemigos no caducan.

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