Alan Ruschel levantando el título de segunda | Fuente: Chapecoense
Alan Ruschel levantando el título de segunda | Fuente: Chapecoense
DAVID FERREIRO PÉREZ

@ferrekt

Alan Ruschel era uno de los millones de niños brasileños que soñaban con ser futbolista profesional. Lo consiguió. Nacido en Nova Hartz, una pequeña localidad en el estado de Río Grande del Sur en 1989, su historia hasta la edad adulta es la de muchos otros jugadores que alcanzan el profesionalismo y consiguen hacer carrera.

Surgido de las inferiores del Juventude, este lateral izquierdo fue progresando y quemando etapas hasta hacer una destacada carrera en el fútbol brasileiro. Multitud de equipos, entre los que destacan el Internacional de Porto Alegre o el Atlético Paranaense, adornan su trayectoria.

Ruschel y el Chape, unidos para siempre

Pero si hay un equipo que le marcaría para siempre, ese sería el Chapecoense, un modesto que no llega ni a la decena de temporadas en la élite del país carioca. Con el ‘verdão’ tendría un primer acercamiento en 2013, jugando algunos partidos en el equipo de Santa Catarina cuando aún militaban en Serie B. Su camino, desde ese momento, siempre estaría unido.

Ruschel, que por aquel entonces contaba los 23 años, no fue una pieza fundamental de aquella plantilla, aunque consiguió junto a sus compañeros el histórico primer ascenso del Chape a la máxima categoría del fútbol brasileño. Saldría del club en 2014 aunque volvería en 2016, en la que posiblemente estaba siendo la mejor época del equipo en toda su historia, llegando incluso hasta los cuartos de final de la Copa Sudamericana.

Ese 2016 el equipo brasileño se situaba octavo en liga —a falta de unas pocas jornadas—, había ganado la Copa Catarinense y se había colado en la final de la Sudamericana tras vencer a clásicos continentales como el Independiente de Avellaneda, Junior de Barranquilla o San Lorenzo de Almagro. En la gran cita esperaba el Atlético Nacional.

El día que lo cambió todo

El 28 de noviembre de 2016 el Chape de Alan Ruschel viajaba a Medellín a jugar el partido de ida de la final, en un vuelo que partía desde Bolivia. Ese día todo cambió. El avión en el que viajaban 77 personas se quedó sin combustible en pleno vuelo y se estrelló en la zona de La Unión, Colombia. Todo el mundo del fútbol lloró.

A pesar de la incredulidad, seis de los pasajeros de este vuelo consiguieron sobrevivir milagrosamente; dos tripulantes, un periodista y tres jugadores: Neto, Jakson Follman y Alan Ruschel. Su vuelta al verde del Arena Condá conmocionó al mundo entero.

Sin embargo, de los tres, Ruschel es el único que ha podido volver a jugar, ya que Follman sufrió la amputación de una pierna y Neto, pese a que lo intentó, no lo consiguió por problemas físicos. A pesar del aparatoso accidente que le costó una intervención urgente por múltiples traumas, problemas en las extremidades y una fractura en la columna, sorprendentemente, a los 8 meses Alan volvió a jugar.

Follmann, Neto y Ruschel | Fuente: Getty
Follmann, Neto y Ruschel | Fuente: Getty

Latidos acompasados

En agosto de 2019, Ruschel separaría su camino del del verdão para unirse al Goiás, aunque volvería al Chape a los seis meses con el descenso del equipo. No podía quedar así. Y no quedó solo ahí. Ruschel se volvió a enfundar la elástica verde, se ajustó el brazalete de capitán y comandó al Chapecoense en su vuelta a la máxima competición brasileña ganando por primera vez la Serie B en enero de 2021.

El destino quiso que, una vez en primera, equipo y jugador se volvieran a separar, al hacer Ruschel las maletas hacia un histórico en horas bajas como el Cruzeiro. Aunque todavía no se sabe si la historia de Alan Ruschel y el equipo de Santa Catarina tendrá un nuevo capítulo, lo que sí está claro es que siempre permanecerán unidos de alguna manera.

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