Una imagen de la presentación de Quaresma con el Vitoria Guimaraes montado a caballo | Fuente: Vitoria Guimaraes
La presentación de Quaresma con el Vitoria Guimaraes fue fliparse de más  | Fuente: Vitoria Guimaraes
DAVID FERREIRO PÉREZ

@ferrekt

En este deporte suele costar mantener los pies sobre el suelo. La gran repercusión mediática, unido a la cantidad de fans que aglutina y a los desorbitados salarios y traspasos que se pagan, cada vez con más frecuencia por los jugadores, son los principales culpables de esta inflación de ego que sufren los que se dedican a esto.

Y no estoy hablando solo de jugadores, entre los que cada vez resulta más extraño encontrar un perfil bajo, modesto, de jugador al que no le gusta lo estrafalario, lo polémico o lo que más ceros cuesta. También los representantes, las asociaciones o hasta los propios equipos, son cada vez más dados a fliparse de más.

El viaje a las antípodas del fútbol

De pasar de las pretemporadas en los pueblos perdidos en las montañas, a los resorts y las pachangas en Abu Dabi, Tokio o Miami. De ir a entrenar en los 600s de la época (o en camión, como bien hacia el ‘anti-fútbol moderno’ Walter Pandiani) a tener una retahíla de bólidos de primeras marcas a los que encima suman el coche de turno de la marca que patrocine al club. Lo tienen todo y parece no ser suficiente.

Que, ojo, están en su derecho. Una cosa no quita a la otra. Esto no es una crítica al sistema, sino una reflexión para tratar de averiguar a dónde vamos. Sobre todo, teniendo en cuenta de dónde venimos. Como bien comentó @RajadoresFutbol en el segundo capítulo del podcast de la casa, ahora se está a otras cosas. Si es mejor o peor, cuestión de gustos, aunque el fútbol de primer nivel está cada día más cerca del show y del espectáculo mediático, que del deporte en sí.

Por ello, nos estamos acostumbrando, por desgracia, a las Supercopas en Arabia Saudí o a adaptar el horario de nuestros partidos a los fanáticos asiáticos. “Pongamos un Leganés-Granada a las 12 de la mañana de un sábado, no vaya a ser que los aficionados nipones se lo pierdan”. Y les parece buena idea.

Ejemplo que pongo desde el máximo respeto a sus aficionados, ya que yo sí que me veo esos partidos. Pero macho, lo que es una falta de respeto para esos simpatizantes son esos horarios de trilero que solo les perjudican a los que de verdad sienten los colores.

Fliparse, cuestión de (¿mal?) gusto

Y no me refiero únicamente a la inflación (económica y de egos) ni a la estética. No es una cuestión de que antes lucieran medias bajas y pelo en pecho. No. Es una cuestión deportiva, porque cada vez interesan menos los aficionados o lo que pasa sobre el terreno de juego y más todo lo que conlleva. Incluso, si se me permite, esto es una crítica hasta para el periodismo deportivo de bandera, al próximo a la prensa rosa. Cada vez se hace más raro encontrar perfiles como Miguel Quintana o Rafa Escrig, auténticos apasionados de este deporte y que hablan (mucho y muy bien) precisamente de esto, del deporte.

No es un odio al fútbol moderno, ni una cuestión de nostalgia o de desapego. Es un poco de pereza. Vale, todo ha cambiado, pero hay cosas que no en la dirección correcta. En el fútbol de ‘piscinazos’ y del “me tienen envidia porque soy guapo, rico y buen jugador”, se presenta a los jugadores como semidioses, montados a caballo o demás parafernalia.

Incluso parece una guerra por ver quien encuentra el look más llamativo o las botas más cantosas (mención a parte para la frivolidad, perdonad que os diga, que protagonizó Pierre-Emerick Aubameyang cuando vestía los colores del Saint-Étienne, jugando con unas botas que llevaban incrustados miles de cristales de Swarovski).

Y habrá a quien le guste todo esto, no digo que no. Ni le quiero quitar el derecho, ni le quiero quitar la ilusión. Pero este alegato va por todos los que preferimos ser ajenos a todo este circo mediático. A los fieles al campo de tierra, al Mikasa y a los partidos con colegas en la barra del bar. Señores, que lo que queremos es ver fútbol. Nada más.

Aubameyang se dio el lujo de jugar con unas botas llenas de cristales de Swarovski | Fuente: sportbible.com
Aubameyang se dio el lujo de jugar con unas botas de cristales de Swarovski | Fuente: sportbible.com

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